Como que no se puede ni se debe lanzar aseveraciones a tontas y a ciegas. O guiados por la mera intuición, pero careciendo de una cierto conocimiento de causa. Vivimos en la sociedad de la inmediatez. Y esa dicha inmediatez lleva consigo que a veces emitamos opiniones muy a la ligera, sin detenernos a un análisis más detenido o, cuanto menos, más contrastado. Nos centramos en un joven de 29 años, que negaba la existencia de la Covid-19, la negaba hasta la extenuación. Estaba más que convencido que todo respondía a una mera invención. A la invención de un sistema de intereses creados provenientes de Dios sabe dónde.

Decía, sí, que todo era inventado y ahora, sin embargo, agoniza en la UCI luchando por su vida, luchando denonadadamente, e intentando concienciar a la población de la necesidad de seguir las medidas de seguridad. Seguir las medidas de seguridad no es ningún capricho, no es ninguna broma, no es ningún bluf.

Cabe decir que nunca había sufrido ninguna patología ni dolencia grave. Tal vez por ello se sentía un héroe, un héroe inmortal, un hacha, un crack, un Goliat, su superman.

Negaba la existencia del coronavirus

Tal vez por ello, cuando estalló la pandemia por la Covid-19 creyó que todo aquello del virus de Wuhan era un cuento chino que a él no le iba a afectar. “Fui el primero en decir que el coronavirus era todo mentira”.

Pongámosle nombre. Chris Grailey es un joven de 29 años de la ciudad de Manchester, en Inglaterra. Ingresado en la unidad especial para enfermos de coronavirus. ¡Quién iba a decírselo! ¡Ahora necesita estar conectado a un respirador artificial para seguir con vida!

“Lo cogí en Tenerife pensando que era invencible, sin llevar una mascarilla. Pagué el precio», detalla en un vídeo publicado por el medio local Manchester Evening News que Chris Grailey ha grabado desde su internamiento en la UCI y que ya se ha hecho viral.

“Que nadie cometa mis errores”

Le falta el aliento, casi la vida, para terminar las palabras. «No tengo ningún problema de salud subyacente. No quiero que nadie cometa los mismos errores que yo”. De los errores se aprende, aunque a veces el error es demasiado grave y sin vuelta atrás.

El mismo joven explica que estuvo enfermo durante la mayor parte de las vacaciones. «Perdí el gusto, el olfato, tuve sudores fríos. Pero se puso mucho peor cuando volví a casa”, asegura.

La cosa pintaba mal. Fue cuando le diagnosticaron coronavirus y una neumonía aguda derivada del virus. “Ahora estoy en cuidados intensivos, esperando recibir más tratamiento, y sin saber si saldré del otro lado. Así que realmente quiero que se tenga en cuenta este mensaje porque le puede pasar a cualquiera, por favor, cuidaos».

Su intención es plausible. Aplaudible. Es cuanto menos fraternal. Chris afirma que la forma en que se ha sentido en la última semana ha sido lo más cercano al infierno que ha estado nunca: «Honestamente me senté allí y estaba listo para rendirme». En el infierno. No exageraba ni por asomo. Quiso ser sincero. Más sincero que nunca. Era una forma de definir su dolor, su padecimiento, su calvario.

Actualmente Chris no puede respirar ni puede caminar ni puede moverse. «Soy como un zombi. Estoy tomando cuatro antibióticos diferentes, esteroides, oxígeno todo el día y con más agujeros en mi brazo que un drogadicto. Esto es real, es la vida real matándome (…) Antes de pensar en ir a fiestas en casas, mirad mi foto e imaginaos que podríais ser vosotros”.