Ana Soria deja tirado a Enrique Ponce en su reaparición

Después de la lesión en la muñeca que sufrió el torero tras su cogida en El Puerto de Santamaría, su novia no ha aparecido en la última corrida

Enrique Ponce ha reaparecido en Fuengirola después de la lesión en la muñeca que sufrió tras su cogida, el pasado 6 de agosto, en El Puerto de Santamaría.

Un regreso en el que el diestro se ha reivindicado como número uno del escalafón taurino, pero en el que ha llamado la atención la ausencia de Ana Soria en el tendido.

La joven almeriense, rompiendo con la tradición de las parejas de los toreros, se había convertido en una fija en las faenas de Ponce.

Ana se convirtió en la protagonista involuntaria en las plazas de Plasencia, Huelva y El Puerto de Santa María.

Una presencia que, según los críticos, distraía al ex de Paloma Cuevas, puesto que estaba más pendiente de su pareja que del toro.

Ahora, y tras una semana recuperándose de su esguince en la muñeca, el de Chiva ha vuelto a los ruedos, pero sin el apoyo de Ana Soria en el tendido. ¿Habrán tenido algo que ver las críticas que han sufrido por parte del sector taurino?

En cualquier caso y, demostrando que sigue en plena forma, Enrique Ponce firmó una gran tarde cortando dos orejas.

Trofeos que no había conseguido en ninguna de las corridas en las que Ana estaba presente en la plaza. ¿Ha confirmado el diestro sin pretenderlo que su joven novia le distrae cuando acude a apoyarle?

Pero, ¿dónde estaba realmente Ana Soria?

Pues ni más ni menos que en su Almería natal, disfrutando de una tranquila y divertida jornada de playa con su pandilla de amigos.

Ha sido la propia Ana la encargada de informarnos de su paradero, subiendo una historia a su cuenta de Instagram presumiendo de piernas bronceadas mientras tomaba el sol a orillas del Mediterráneo.

Además, su íntimo amigo Alejandro Flujas, también compartía una imagen de la almeriense, de lo más sonriente, tomando algo con unas amigas en la terraza de una casa.

Sin duda, una buena manera de distraerse y no angustiarse pensando en que su enamorado se estaría jugando la vida frente a un toro a poco más de 200 kilómetros de la playa en la que, por primera vez, Ana prefería mantenerse alejada de Ponce y no acudir a la plaza o esperarlo en el hotel.