Una de las virtudes de María Patiño es su reconocida espontaneidad. Es sincera como una sonrisa inocente ante el ingenio del payaso en una pista de circo. Es transparente como el cristal de su vocación periodística. Es incisiva como el colmillo de la noticia que finalmente descubrirá tras duros meses de ardua investigación.

María Patiño está segura de sí misma. No va más allá de sus competencias. Pero sí de la expectación del espectador, a quien siempre sorprende. María Patiño ríe poco pero sin embargo se le reconoce una simpatía natural. Sabe medir los tiempos y las transiciones. Nada se le escapa ni siquiera cuando anda encumbrada en unos taconazos de aguja.

María Patitño es una periodista de raza. No trepa, simplemente escala. Con una bien ganada meritoria trayectoria que suma, sobre todo, pantallas de televisión. Es un animal televisivo, ella lo sabe, y quienes la contratan también. De modo que sólo cabe dejarla a su libre arbitrio, que será la trayectoria vistosa del éxito. Ha venido de abajo para alcanzar las más altas cotas de estudios televisivos del colorín.

Suele ser compañera de sus compañeros, de los actuales y de los ex. Como presentadora domina la telegenia. Se ha hecho cuatro retoques… y medio. Cada cual es libre de retocarse no sólo la cara sino también la expresión, que suele ser espejo del alma. María Patiño es una veterana con perfil juvenil. Una ninfa madura. Una mujer que sabe estar porque sus tablas no son de madera sino de bagaje y tesón.

María Patiño mastica carne de prensa rosa

La chica, físicamente, ha cambiado mucho desde sus comienzos a la actualidad. Para mejorar, naturalmente. Ahora es temida por entrevistados propios y extraños. Sabe sacar el jugo de cada personaje no pera ponerlos entre la espada y la pared sino para destensar el tirón de toda primicia. Ella mastica carne de prensa rosa. El mundo del corazón es su mundo. Aquí se mueve como pez en el agua.

Algunos la achacan que polemiza demasiado en plató. Y ella aduce que sólo habla fuerte. Investiga con destreza y entrevista con astucia. Los años en el candelero la avalan. N es una primeriza ni una neófita en las lides de la pantalla plana. Su cuerpo menudo no la achica sino más bien la agiganta de nervios a flor de piel y cuellos que explotan de una dialéctica sin trampas ni cartón.

Ahora ha protagonizado un batacazo de padre y señor mío. Una caída con boca besando el asfalto. En una situación además un tanto comprometida. Delicada. Porque en ese momento llevaba las heces de su perro en la mano, que además había recogido, previamente, con una bolsa.

El hecho puede catalogarse de humorístico y la verdad es que no carece de su gracia. El cebollazo ha sido de aúpa. En plena calle. Cuando nada hacía prever este desenlace. «Lo has grabado… Sí… ¿no? Esto no lo podéis sacar», indicó María Patiño a sus compañeros tras su caída… que decidieron emitir en ‘Socialité’.

¿Qué intención tenía la presentadora? Pues nada más y nada menos que grabar con Antonio Lance, es decir, el conocido entrenador de perros y, naturalmente, como cabe comprender, no un batacazo en la calle. «Me he hecho daño», reconoce María Patiño. De todos modos la escena no descubre nada nuevo: María Patiño “cae bien” a todos los españoles.