La carambola ha sido inimaginable. Impensable para el protagonista de un hecho que inevitablemente ha acabado en suceso. Un hombre ha estado a punto de pasar dos años en la cárcel. ¿Cuál ha sido su delito? ¿En qué se ha basado su acción delictiva? Pues simple y llanamente en haber publicado una reseña negativa en el portal Tripadvisor de un hotel en el que se había hospedado.

¿Escribir una opinión puede traspasar ciertos límites? ¿Ciertas líneas rojas? ¿Dónde está el límite de la libertad de expresión? ¿Y la de la libertad de expresión y la falta de respeto? ¿Hasta dónde se puede llegar? ¿Hasta dónde no?

¿Una reseña puede llegar a tanto? ¿Hasta qué punto una cosa podría derivar en la otra? ¿Una opinión escrita habría de terminar entre la rejas del autor de dichos comentarios? ¿Qué sucedió en realidad? Habitamos una sociedad en la que debe cuidarse hasta la última coma de cuanto decimos y escribimos, pero ¿hasta ese punto?

Concretemos: un ciudadano estadounidense residente en Tailandia ha pasado dos noches en el calabozo -dos noches con todas sus horas y sus momentos oscuro y sus minutos de incertidumbre-tras escribir una reseña negativa sobre el Sea View Resort, un hotel en el que se hospedó este pasado mes de junio. ¿Quién le iba a decir que la cosa terminaría a la postre por las bravas? ¿Fue demasiado atrevido?

Apelando a su suerte, y afortunadamente para él, finalmente ha evitado la pena de dos años de cárcel que solicitaban por difamación tras llegar a un acuerdo amistoso con el establecimiento que le acusó por las críticas. La cosa había pasado a mayores. Quizá la opinión conllevaba tintes de daño a la imagen institucional.

Con todo y con eso, no le ha salido gratuita la libertad a Wesley Barnes, que es el nombre del ciudadano norteamericano acusado de difamación. Nada gratuita sino todo lo contrario. No se ha ido de rositas así por las buenas. No ha salido indemne del acorralamiento.

Acciones de compensación hacia el hotel

Tan es así que Barnes no ha tenido más remedio que aceptar la realización de una serie de acciones a modo de compensación. Tales como pedir disculpas al hotel, a las autoridades provinciales e incluso a los medios que informaron sobre la disputa. Pedir perdón nunca está de más si el acto así lo merece y exige. Lo contrario es una humillación innecesaria.

Además de todo esto, y como fuera poco, el turista debe proporcionar una explicación a la Embajada de los Estados Unidos en Bangkok y solicitar encarecidamente al portal turístico TripAdvisor, donde publicó las reseñas negativas, que retire la crítica contra el hotel.

A partir de ahora habrá que pensarse más de dos y de tres veces si escribir una reseña o no. Compartir la experiencia propia no está mal del todo. Siempre, en un sentido o en otro, tanto para mal como para bien, será ilustrativa. Aunque a veces es mejor no decir nada, callar, y aquí paz y mañana gloria. Más vale pasar desapercibido que dos noches entre rejas.