Noticia no muy agradable para los amantes del buen vino, la cerveza o los licores. ¿Un Gin Tonic es perjudicial? A la vista de los acontecimientos e investigaciones, parece ser que saludable no es. La molécula que denomina al alcohol se llama ‘etanol‘ y es una sustancia tóxica. En la composición de las bebidas alcohólicas está el etanol en forma natural o adquirida, y su concentración es igual o superior al 1% de su volumen.

Según la RAE, ‘tóxico’ es toda sustancia o preparado que, en pequeñas dosis, produce la muerte o efectos agudos o crónicos, por inhalación, ingestión, o penetración en la piel. «Es un líquido transparente e incoloro y el principal ingrediente de bebidas alcohólicas como la cerveza, el vino o el brandi. Como se disuelve fácilmente en agua y otros compuestos orgánicos, también es un ingrediente de cosméticos, colonias, pinturas, barnices y combustibles. ¿Puede ser saludable algo que se usa sobre todo como disolvente, desinfectante, y combustible?», alerta en una entrevista con EuropaPress el pediatra Carlos Casabona.

Este médico zaragozano ha publicado junto al dietista-nutricionista Julio Basulto ‘Beber sin sed’ (Paidós), una auténtica guía sobre todas las bebidas habidas y por haber, y que suelen formar parte de nuestro día a día, y es que es vital saber lo que bebemos porque es tan importante, o más, que lo que comemos.

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Ambos autores dedican un capítulo de su libro a las bebidas alcohólicas, sobre las que llaman la atención que muchas veces las tomamos sin tener sed, gracias a esa ‘cultura de la bebida’ actual que en su opinión «tanto nos perjudica». De hecho, llaman la atención sobre el hecho de que al año casi 3 millones de muertes tienen lugar como consecuencia del consumo de alcohol, siendo además esta bebida «la primera causa de mortalidad y de discapacidad en personas de 15 a 49 años».

Por ello, Casabona recalca que son «claras, lógicas y fáciles de comprender» las razones por las que el alcohol es malísimo para nuestra salud.

Los motivos se derivan de su composición química

  1. Es neurotóxico (afecta a las neuronas): El alcohol afecta, en pocos segundos tras su ingestión, a la capacidad de razonamiento cada vez que se bebe, aunque sea poca cantidad. No existe una dosis de consumo segura, aunque la publicidad afirme que disfrutemos de un consumo responsable. Así pues, daña, sin duda a las neuronas, lo que provoca un daño permanente a la memoria, a la capacidad de razonamiento y a la forma en la que nos comportamos.
  2. Es adictivo, es decir, que su ingesta habitual puede condicionar una necesidad física de su consumo de manera diaria, de tal manera que se convierte en un hábito insano del que sea muy difícil salir sin ayuda.
  3. Es teratogénico: Afecta al feto y puede provocar malformaciones graves y trastornos del espectro alcohólico fetal (TEAF). Hasta 40.000 bebes nacen con un TEAF cada año en los Estados Unidos. Estos trastornos son de por vida, y sus efectos pueden resultar en problemas graves de orden físico y mental.
  4. Es cancerígeno: Su consumo se ha relacionado con cáncer de boca, faringe, de laringe, de esófago, de mama en mujeres, de hígado y de intestino.
  5. Está implicado en millones de muertes en el mundo por accidentes de tráfico, suicidios, agresiones mortales, etc.
  6. Provoca problemas emocionales y laborales en los individuos, en sus familias, en el conjunto de la sociedad y tiene elevados costes económicos y medioambientales.

¿A qué afecta también el alcohol?

Ambos especialistas avisan también en el libro de ciertos aspectos que debes conocer. Por ejemplo su firme rechazo, y más que contrastado científicamente, de que una copa de vino al día es beneficiosa para la salud del corazón: «El nivel de de consumo de alcohol que minimiza la pérdida de salud es cero. Lo único que podemos hacer con las bebidas alcohólicas es desaconsejarlas».

Aquí recuerdan también que por ejemplo la Sociedad Europea de Cardiología en 2019 declaró que «no debe promoverse en consumo de alcohol con moderación para proteger la enfermedad cardiovascular». Al mismo tiempo la OMS en 2012 señaló que «el alcohol es perjudicial para el sistema cardiovascular». Por eso sentencian: «El vino no es bueno para el corazón. Cualquier bebida alcohólica eleva el riesgo de sufrir problemas de corazón».

Otro aspecto que mencionan es aclara que las ‘cervezas sin alcohol’ sí tienen alcohol. «Poco, pero tienen. Su graduación alcohólica es menor al 1% de su volumen. Mientras, la ‘0,0’ tiene una graduación alcohólica de un 0%», precisan Casabona y Basulto.

A su vez, destacan que, si lo que te preocupa es tu peso, el alcohol estimula el apetito y sus calorías líquidas (y vacías de nutrientes) aumentan el riesgo de obesidad. «Si te preocupa tu peso, reduce el consumo de bebidas alcohólicas», agregan.

Casabona y Basulto resaltan también que cualquier dosis de cualquier bebida alcohólica (incluidos el vino y la cerveza) incrementan el riesgo de padecer distintos tipos de cáncer. «El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer aconseja evitar el consumo de cualquier bebida alcohólica para prevenir el cáncer».