Coronavirus, política, golfos. Pero que poco avanzamos

Pascual Fernández Espín: “no creo que para informar sobre el Covid-19 haga falta salir con jersey de cambiar el aceite al coche, con pelotillas y todo”

No sé sabe realmente que es lo que está pasando, si el desbarajuste existente es de ahora o que tiempos atrás no habíamos reparado en ello.
Las declaraciones se suceden, los escándalos también, y si no hay escándalo, se inventa, lo cierto es que los ciudadanos nos estamos acostumbrado a que la porquería existente entre los bastidores sociales sólo quedé desnuda gracias al trabajo investigador de los medios de información.
Y es que no falla, cada vez que hay algún pico de crisis en determinado partido político: hoy en uno, ayer en otro y mañana seguro que, en el siguiente, de inmediato salta un escándalo de tronío para desviar la atención de la concurrencia, y así, los que por una u otra razón están enmierdados hasta el cuello, intentar salir indemne de la situación a la vez que, a poder ser, recuperar la credibilidad perdida.

Y si no tuvimos bastante con la primera dosis de Coronavirus, de nuevo volvemos tener todos los esfínteres del cuerpo contraídos a la hora de que el señor Fernando Simón, al que algunos quieren elevar a los altares y otros descender a los infiernos, nos informa del drama diario. Y digo yo, es que no hay ningún asesor, dentro del amplio muestrario que se dispone, que haya pensado en darle una mano de chapa y pintura a este señor. Sin entrar en valoraciones científicas de ningún tipo, pero no creo que para informar a la ciudadanía sobre los paupérrimos datos del Covid-19 haga falta salir con cara de pena, voz de gripe asmática, jersey de cambiar el aceite al coche, con pelotillas y todo, y con el pelo como si hubiese llegado al plató con la ventanilla bajada, y sobre todo, con una retahíla, a veces ininteligible, para informarnos de que todo está controlado, cuando si de credibilidad se tratase, echando mano a la hemeroteca de principios de la pandemia, el señor Simón decía que todo lo más, con dos o tres casos, en España se solventaría el tema del Coronavirus.

Es una realidad innegable que a cualquier administración que le hubiese tocado lidiar con esta pandemia le habría venido grande, pero claro, si en la primera fase del virus lo bordamos en improvisación y desastres de todo tipo, ahora, en esta segunda fase, también en voz del señor Simón, del señor Illa y otros señores de mucho tronío, la segunda oleada del virus que iba para el otoño, la tenemos encima con toda su crudeza, además, en ese espejo de la realidad que antes aludíamos, descubrimos que los españoles en ciertos aspectos ocupamos pódium en la carrera de los sustos. Peores datos económicos de Europa, más paro que en cualquier país de nuestros socios comunitarios. Y si nos arrimamos al Covid-19, absoluto caos. Ya vamos por el sexto mes de pandemia y todavía no sabemos con exactitud el número de muertos que el Covid-19 se ha llevado por delante. Para no dejar la cabeza de lo negativo, según la OMS, o la propia Europa Comunitaria, España tiene la peor gestión en lo del virus, y se encuentra a la cabeza de infectados por número de habitantes de Europa, tal es así, que casi todos los países Schengen desaconsejan a sus ciudadanos viajar a España.

El rey emérito dice que en tanto se aclara su situación jurídico-social–financiera, se aleja del cotarro nacional hasta que escampe la tormenta. ¡Ay Corinna, Corinna! Y es que ya lo decía mi vecino del quinto: «donde tengas la olla no metas la…mujer del pollo».

Pero claro, la situación de la Monarquía hasta el propio presidente Sánchez lo dejó bien claro a un medio de comunicación: «En cualquier caso se debe juzgar a la persona, no a la institución». Lo que pasa es que si de esta situación no se saca provecho, y una vez más se coge como bandera para desviar la atención de una nula o pésima gestión ministerial por parte de algunos ministros actuales del gobierno, lo tienen crudo cara a la remodelación del ejecutivo que con toda probabilidad se avecina antes de final de año. Porque, a ver, sin querer meter el dedo en ojo alguno, pero hay ministros/as que más que componentes del gobierno parecen torpedos en la línea de flotación del propio gobierno.

Analicen ustedes mismos lo que hoy tenemos en el expositor político de doña Rogelia. Empezando por Irene Montero, a la sazón ministra de Igualdad y con larga experiencia en el capítulo de metepatas, acuérdense ustedes de su inolvidable defensa de la mujer contra el machismo: «Sola y borracha quiero llegar a casa»; o la declaración de hace unos días, negando el sexo biológico de la especie humana. O sea, que un servidor de ustedes, según la ministra, por más que me mire mis partes al final no sé si soy chicha o soy pescao. Pero eso sí, defendiendo la causa con una profundidad científica que da gusto, la señora Montero lo terminó de aclarar. «¿Cuántas tallas de pecho debemos tener para ser hombre o mujer?». Pues ya está, como de tetas no va el tema, a ver quién es el guapo o guapa que desmiente a la señora ministra. Algo más cerca del rigor científico se situó hace unos días Vanessa Angustia, senadora de la formación podemita por Pontevedra en la legislatura XI y XII. Repito: senadora en dos legislaturas de las Cortes Generales.

Para que vean ustedes lo barato que se cotiza un puesto de senador/senadora en algunas formaciones políticas. Supongo que estaría un poco amoscada cuando contestó en un Twitter lo siguiente: «Lo que os pasa es que no sabéis comerme el coño» Ea, y ya está. Queda claro. Luego están las eruditas de segunda fila, pero que por méritos propios podían ocupar cajón de pódium. Vanessa Romero, concejala de Podemos en el ayuntamiento de Alicante; haciéndose notar, como debe ser, tacho de micromachismo la temperatura del aire acondicionado que había en un pleno municipal.

No me negarán ustedes que las declaraciones salidas de parva prácticamente se concentran en el mismo lado, pero como el patio está lleno de declaraciones o acciones talla XXL, para no hacer interminable la lista de las sandeces, terminaremos con lo manifestado por otra señorita que, como tal, al vestir y calzar aires excrementosos en su desparpajo, deja en mal lugar a casi todas las mujeres del mundo. Y a los hombres, para que decir. La actriz podemita Marta Nebot, en el programa Ya es mediodía, presentado por la periodista Sonsoles Ónega en Telecinco, a preguntas de si vería bien que igual que se celebra el día de la mujer se celebrase el día del hombre, manifestó: «Festejar el día del hombre es como celebrar el día del terrorista»

Y es que ya nos lo advirtió Blas Deker: «La progresiva degeneración de la especie humana se percibe claramente en que cada vez nos engañan personas con menos talento».