Nada se puede guardar durante tanto tiempo que jamás se conozca. Todo, antes o después, a corto o medio o largo plazo, sale a la luz. Se coge antes a un mentiroso que a un cojo. La mentira tiene las patas tan cortas que a veces no avanza ni media legua. Ni un tiro de piedra. El engaño es una red de mentiras urdidas que dañan a un tercero. O a una tercera, en este caso. El peor enemigo del engaño es el descuido. Así le ha sucedido a un joven a la hora de hacerse un selfie. Un selfie que, de manera impensable, ha corroborado otra realidad encubierta: la de demuestra que le estaba siendo infiel a su pareja.

 

Los engaños deben estar muy meditados por quienes los cometen. Sobre todo en materia de mantenimiento. Un engaño puede ser descubierto a la primera de cambio. Un engaño se mueve en el filo de la cuerda del equilibrista culpable del embuste. Existen mentiras piadosas pero no así ningún engaño piadoso. Y más si tienes el descuido de publicarlo en un selfie.

Después de observar con suma atención la fotografía, su chica se percató de lo peor, se fijó en un detalle no del todo imperceptible: su novio estaba acompañado por otra joven en el interior del coche. No había discusión. No había interpretación gracias al selfie. No había duda. Blanco y en botella. Otra chica lo acompañaba.

Una imaginación muy efectiva

Lo curioso es que la chica engañada ha hecho gala de una imaginación la mar de práctica. Y ha publicado en Tik Tok la huella del delito, la prueba de la evidencia, la imagen del selfie que vale más que mil palabas. No hay escapatoria. ¿A lo hecho, pecho? El autor del engaño ha sido desenmascarado.

No hay, además, vuelta atrás. La culpa ha sido expuesta de manera pública y, lo que es peor, publicada. La chica no se quedó satisfecha con eso. E indagó mucho más. Quería –estaba en su derecho- saber. Y enseguida logró una jugosa información: su pareja le había sido infiel en cinco ocasiones –nada más y nada menos que en cinco ocasiones- durante… ¡el último mes!

La joven responde al nombre de Sydney Kinsch y tiene 24 años. Ha sido valiente. Ha sido decidida. Hacía cuatro años que salía con su chico, pero la relación se ha acabado después de que éste se hiciera un selfie con el móvil en el interior de un coche y la publicara en Snapchat. Hay imágenes que todo lo revelan.

Aunque a primera vista la imagen no parecía revelar nada especial, al menos a simple vista, al menos a ojos de buen cubero, al menos a bote pronto,  cuando  Sydney la miró atentamente descubrió cómo las piernas de una chica que viajaba al asiento del acompañante se reflejaban irremediablemente en las gafas de sol del chico. Gafas que no fueron talismán para el chico sino todo lo contrario: ejerció de gafe total.

Excusas baratas

La chica llamó a su pareja. Le peguntó si se había percatado de este mínimo detalle en su selfie. De este indiscreto detalle. Enseguida, tirando de aquí y de allá en el imaginario de todos los posibles pretextos, el chico buscó excusas más bien baratas. Sobre todo argumentando que estaba sentado al lado de la novia de un amigo.

La explicación por supuesto no convenció a Sydney, a quien sólo le  bastó una semana para confirmar sus sospechas. Sobre todo ya a partir de que llegara a sus oídos las cinco infidelidades del último mes. La joven ha añadido comentarios a su cuenta de Tik Tok, donde indica que la chica que acompañaba a su chico «no era ni su hermana ni su prima». Para que nadie se llamara a engaño.

«Le llamé y le pregunté si se daba cuenta de que me había enseñado a una zorra en su selfie de Snapchat y dijo que no tenía ni idea», escribe en el vídeo. La chica sin pelos en la lengua. «Mirad el reflejo en las gafas de sus chicos, chicas,» añade Sydney en su publicación. Una publicación que no ha tardado en hacerse viral.

Tan es así que muchos usuarios han quedado sorprendidos por la capacidad de la chica para darse cuenta de este detalle en el selfie –en el selfie accidentado- de su chico. Otros numerosos comentarios también han aprovechado la ocasión para explicar asimismo descubrieron la infidelidad de sus parejas a partir de descuidos en las fotografías. Y es que las imágenes, como el algodón, no engañan.