El 20 de mayo de 1.968 el Diario Madrid, que quiso erigirse en una voz independiente y reformista en la época, denominada por historiadores como tardofranquismo, publicó un famoso editorial escrito por su entonces Director, Rafael Calvo Serer, titulado: “Retirarse a tiempo: No al general Degaulle”. En dicho artículo se refería a las circunstancias por las que atravesaba la Francia del general De Gaulle. Llevaba a cabo una crítica explícita a los gobiernos autoritarios y establecía veladas pero evidentes analogías con lo que sucedía en España con el general Franco.

Calvo Serer, un hombre vinculado al Opus Dei pero de convicciones democráticas y cristianas, contrario al régimen del general Franco, tuvo que pagar un alto precio por su independencia y valentía intelectual, que incluyó el exilio en Francia y la cárcel en España a su regreso.

«En España los ejemplos de estos políticos son muy escasos»

Pues bien, he querido traer este dato histórico para ilustrar la importancia que tiene en política el saber retirarse a tiempo, el renunciar al adictivo vicio del poder, a sus prebendas y privilegios, al aplauso fácil de esa cohorte de palmeros y lameculos que suelen rodear a todo el que ostenta un cargo o tiene capacidad de nombrarlos y regresar, humildemente, a la vida civil, sin aspavientos, sin hacer más ruido del necesario, asumiendo que la política sólo debería ser una etapa de servicio a la ciudadanía con carácter temporal y fecha de caducidad y nunca una forma de vida y, menos aún, de supervivencia.

En España los ejemplos de políticos que han sabido hacer esa retirada a tiempo son un ejemplo muy escaso, hay que hacer un importante ejercicio de memoria para recordar alguno, el más reciente sin lugar a dudas ha sido el de Albert Rivera, el otrora líder incuestionable de Ciudadanos y que a raíz de los pésimos resultados obtenidos en las últimas elecciones generales asumió su responsabilidad, dimitió como Presidente del Partido, dejó su acta de Diputado y retornó a su vida civil dando un ejemplo de dignidad y honestidad. Marcó el camino a seguir para el resto de políticos, de cualquier formación, además de prestar un último servicio impagable a su partido ya que le da la oportunidad de regenerarse y sobrevivir.

Los lobos no son nada sin su manada

Pero desgraciadamente los valientes en política, los dignos, los honestos, no abundan. Alguna personas de su equipo más directo, alguno de los responsables del descalabro, de la pérdida de valores esenciales del partido, como eran la democracia interna y la meritocracia, alguno de los instauradores del nepotismo y el amiguismo como fórmula para mantener e incrementar su poder interno, no han dejado de maniobrar encabezonados en sobrevivir con un sueldo público a pesar de que su presencia contumaz en la organización solo aporta descrédito, enfrentamientos y desafección de muchos afiliados que están, o estaban, en el proyecto naranja de buena fe y, además, socaba las oportunidades de futuro de un proyecto regenerador y centrado cuya pervivencia y éxito son más necesarios que nunca.

Y es que los lobos no son nada sin su manada y en la estepa de la vida civil hace mucho frío.