La Resurrección, el final y el principio

Jesús vuelve a la vida en San Antonio en la mañana más gloriosa del año

Cristo, tras vencer a la muerte, resucita. La mayor afrenta y la gloria más esclarecida, tan entrelazadas están que obligan a creer que la segunda estaba en la primera, que la derrota era un triunfo, que la muerte era la vida.

El Resucitado, a pesar de su vinculación total en la archicofradía de Columna de Cádiz, es la procesión oficial con la participación de las cofradías de Cádiz portando cada una sus insignias sin la necesidad de llevar hábito.

El Domingo de Resurrección en Cádiz es el día del gozo final, el Señor ha resucitado. Los gaditanos, con pena porque se acaban los grandes días de la Semana Santa, intentan disfrutar con el máximo fervor de la procesión y eso ya se nota en el Pontifical previo.

Desde la Catedral por la mañana, Jesús bendice con sus manos sanas al mismo pueblo que lloró en su Prendimiento, su Crucifixión y su Muerte. Ahora, la vida está por encima y Cádiz, en el último día de su Semana Santa, también ha resucitado.

«Y aconteció que, bendicidéndolos, se separó de ellos, fue llevado arriba, al cielo. Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo. Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Jesús».

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Cádiz, al igual que el resto del planeta, comienza a dejar atrás tanto dolor y tanta muerte y se apresta a vivir la Pascua de la Resurrección, el final, o más bien el principio para todos los cristianos de fe.

Historia

La archicofradía se funda bajo el título de la Santísima Resurrección del Hospital de Santiago y de San Ildefonso de Roma. El 17 de abril de 1662 se agrega a la cofradía de Penitencia de Nuestro padre Jesús atado a la Columna y Azotes. Se sabe que en 1769 procesionaba el Sábado de Gloria, al verse reflejado este dato en unas actas de la archicofradía.

Imagen

La actual talla del Señor Resucitado es obra de Luis González Rey de 1993, quien en 1997 y en 2012 la restaura aplicándole diversas mejoras de talla y policromía. Anteriormente, procesionaba una imagen atribuida al escultor genovés Domenico Giscardi, realizada en el siglo XVIII, que fue restaurada en 1960 por Francisco Buiza Fernández.