Recientemente nuestro gobierno municipal ha tenido la ocurrencia, por no utilizar otro término más peyorativo, de vestir la emblemática estatua del Minotauro de Jerez con una camiseta de color morado con la leyenda “Todas venceremos la pandemia machista”.

Dejando a un lado el desembolso de dinero público de un Ayuntamiento en ruina y la operativa desproporcionada que se ha necesitado para tal fin debo decir que esta iniciativa me parece un despropósito y casi me atrevo a considerarlo una aberración.

Intentaré razonar mi opinión:

En primer lugar la utilización del término “pandemia” para la analogía utilizada en este eslogan es absolutamente desafortunada, no sólo por mezclar una grave enfermedad con un problema que no tiene nada que ver sino por el respeto debido que merecen las más de 50.000 víctimas mortales y sus familias.

En segundo lugar porque nos criminaliza a los hombres por el mero hecho de serlo, nos mete a todos en el mismo saco, lo cual además de ser tremendamente injusto los datos demuestran que no se corresponde con la realidad. Que en España hay machistas, por supuesto, aunque seguramente menos que en la mayoría de países del mundo. Que seamos machistas la mayoría de los hombres, en absoluto puedo estar de acuerdo y creo que los datos avalan mi opinión.

En tercer lugar porque, por mucho se empeñen los que han hecho del enfrentamiento un “modus vivendi”, no conseguirán enfrentarnos. Las mujeres no son las enemigas de los hombres, las mujeres son nuestras madres, nuestras hijas, nuestras hermanas, nuestras amigas, nuestras colegas, nuestras compañeras, nuestras confidentes, de la misma manera que nosotros lo somos de ellas.

En cuarto y último lugar, para no extenderme más, porque se excluye a los hombres de esta lucha, de esta causa, que también es nuestra causa. La lucha contra el machismo no es exclusiva de las mujeres, nos incumbe a todos, hombres y mujeres, mujeres y hombres, a todos por igual, empezando por la educación de nuestros hijos en la igualdad de oportunidades, la tolerancia y el respeto para con los demás.

Por todo ello y si se me permite utilizar el desafortunado símil, aunque sea con el único objetivo de provocar el interés del lector, lo que sí que me preocupa es la pandemia ideológica, esa enfermedad política que está deteriorando los cimientos de nuestra convivencia tratando de enfrentarnos en bandos, consiguiendo teñirlo todo de ideología, adoctrinamiento y pensamiento único y para cuya erradicación las mejores vacunas son la libertad, la educación, la formación y el pensamiento crítico mezclados con el respeto debido a los demás.