La Sagrada Urna, una de las grandes joyas de España

La hermandad de la Soledad prosigue con su proceso de revitalización tras haber pasado al Sábado Santo

Cristo yace en el sepulcro. No hay más grandeza que la humildad, ni más triunfo que el de la cruz. Suya es, en verdad la victoria del que ahora yace en la urna, del primero que gustó el cáliz de la pasión.

Muriendo el Salvador perdonó a sus enemigos y pidió por los que le crucificaban. Pero el duelo por Jesús ya se celebró en vida del Maestro, sintiendo tres señaladas injurias: la ofensa que hacían a su Padre, la infamia que causaban a su persona y el poco fruto que habían de sacar de su muerte.

Serían pocos los buenos que de su sangre se habrían de aprovechar. Cristo dio su vida con amor a quienes le procuraron la muerte. Así de simple y así de complejo a la vez para la Historia de la Humanidad.

Soledad, Santo Entierro, Santo Entierro, Soledad. El Sábado Santo muere, como esa Buena Muerte que llegó desde San Agustín. El luto, el dolor y el llanto se apoderan de unos momentos litúrgicamente fuertes.

Desde la Catedral Vieja se siente esa pena contenido al ver la cara que se le ha quedado a la Virgen de la Soledad, la que fuera patrona de tantos y tantos gaditanos. Y con el único acompañamiento del madero contempla rota el cuerpo yacente de Jesús.

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Jesús va en esa Sagrada Urna, una de las grandes joyas procesionales de España. La titular es Ella, la Virgen de la Soledad, la que da sentido a una cofradía que prosigue su proceso de revitalizacíon tras haber pasado al Sábado Santo.

Historia

La primera noticia que se tiene de esta Cofradía es de 1601, lo que hace suponer su fundación a finales del siglo XVI en el convento de San Francisco. Siendo el cuerpo capitular de la ciudad hermanos de la corporación, se traslada a la Ermita de San Roque, propiedad de la ciudad. En 1750 cambia su sede, pasando al convento de Santa María; posteriormente, pasa a Santa Cruz en 1926.

Imágenes

Nuestra Señora de la Soledad es obra anónima, posiblemente del siglo XVIII; las numerosas restauraciones sufridas por la imagen hace que haya perdido sus rasgos primitivos, entre las efectuadas en el siglo XX podemos destacar las de Miguel Láinez, quien realiza un nuevo juego de manos separadas (ya que las tenía entrelazadas), Francisco Buiza (que le hace nuevas manos) y la de Luis Álvarez Duarte. En 2003 es restaurada por Francisco Javier Geraldía Capurro. Este Dolorosa llegó a ser Patrona de Cádiz durante muchos años.

La imagen de Jesús Yacente está documentada como obra del escultor Francisco de Villegas, de 1624, en madera de cedro, aunque posiblemente en el siglo XVIII se le adaptara nueva cabeza de raigambre genovesa.