Buena Muerte y Mayor Dolor, el epílogo de luto antes de la gloria eterna

Se erige desde tiempos inmemoriales en la auténtica hermandad de silencio de Cádiz

El Viernes Santo gaditano tiene una cita obligada en la coqueta plaza de San Agustín. Desde allí, y cuando ya restan escasas horas para que arranque el Sábado Santo, sale la hermandad de la Buena Muerte.

Las calles aledañas se llenan de un aire especial de recogimiento. Las gentes hablan en voz baja hasta que el alumbrado público se apaga. Es momento de meditación, de contemplación y de pleitesía. Apenas se oye al niño pequeño que, ajeno al instante que se avecina, llora asustado por el miedo a la oscuridad. Es la auténtica hermandad de silencio en Cádiz.

Las primeras secciones de penitentes convierten a la calle San Francisco en un lento desfile en el que brilla sobremanera la luz de los cirios. Una mirada a los pies de los hermanos nos advierte de su profunda devoción. Todos van descalzos o con sandalias negras.

Tras los ciriales, la imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, imponente su majestuosidad ante una plaza sobrecogida. Para los que no lo hayan visto nunca es un momento difícil de olvidar.

Detrás, la Virgen del Mayor Dolor en su bello paso de palio con esa crestería atípica en los pasos de Cádiz. Difícilmente una advocación fue tan atinada. Solamente hay que ver su rostro, su mirada hacia arriba para percatarse de que no hay mayor dolor que el de ella.

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Buena Muerte y Mayor Dolor, el epílogo de luto antes de la gloria eterna, el penúltimo instante pasional antes de que Jesucristo venza definitivamente a la muerte en la matinal del domingo en Santo Antonio en Cádiz.

Historia

Fue fundada por Cayetano del Toro Quartillers, que fuera alcalde de Cádiz, el 1 de diciembre de 1894. Tras unos momentos de decadencia fue reorganizada en 1921, debido a que tras su fundación la Cofradía fue languideciendo hasta quedar sólo veintiocho hermanos. Entre las personas reorganizadoras destacaron César y José María Pemán, en esta etapa se dotó a la salida procesional de una gran austeridad y recogimiento, características que hoy perduran.

Imágenes

La magnífica y portentosa talla del Santísimo Cristo de la Buena Muerte es obra anónima que data de 1648. Fue restaurado por José Miguel Sánchez Peña en 1986 y 2010.

Por su parte, María Santísima del Mayor Dolor también es obra anónima, José Miguel Sánchez la restaura en 2012.