En un estudio publicado recientemente en el número 9 de “Ucoarte. Revista de Teoría e Historia del Arte”, José Manuel Moreno Arana y Antonio Romero Dorado, historiadores del Arte, dan a conocer la atribución de una nueva imagen escultórica a Juan Martínez Montañés. La pieza es una imagen de San Diego de Alcalá que se conserva en la Iglesia de San Francisco de Sanlúcar de Barrameda.

San Diego de Alcalá

La escultura, de 1,62 m. de altura, representa al santo, con hábito franciscano, de pie. La pierna derecha se adelanta, con la gruesa tela dejando entrever su anatomía, y la izquierda queda retrasada creando una oquedad que no termina de ocultar el volumen y la disposición de esta pierna; el hábito cae holgadamente sobre los pies y la peana. El santo abraza una cruz, hoy perdida, con actitud de recogimiento e introspección, acentuada con la mirada baja y la inclinación de la cabeza hacia delante y hacia su derecha.

Imágenes tras la canonización

En 1588, tras la canonización de San Diego, la orden franciscana necesitaba imágenes para representarlo y varios conventos pusieron sus ojos en un joven Montañés prometedor. Sobre 1589 se le encargó la primera, para el Convento de San Francisco de Cádiz, que fue destruida en la Toma de Cádiz de 1596. En 1590 realizó otra para el convento de Ayamonte, hoy en la Parroquia de las Angustias; en su contrato se estableció como modelo la imagen gaditana, prueba del acierto de ésta. En 1591 Montañés concertó con el médico Juan Sánchez una nueva imagen para el Convento de San Diego de Sevilla, hoy en la Iglesia de San Buenaventura; sigue compositivamente a la de Ayamonte.

San Diego de Alcalá

En otros conventos se realizaron nuevas tallas pero se contó con un artista más modesto, como fue Hernando Lamberto; se trata de Jerez, Vejer y El Puerto de Santa María. Consta el encargo a Lamberto para Vejer en 1592 y El Puerto de Santa María en 1593, pero ambas obras han desaparecido aunque sus contratos informan de que tomaron como modelo la imagen jerezana. Ésta, situada en la capilla de la Concepción, con su disposición indica que Lamberto se basó en el modelo montañesino. Otra copia de Lamberto se conserva en el mismo templo de Sanlúcar; es una pieza pequeña que se realizó para la clausura del monasterio. Estas réplicas indican el éxito alcanzado por el alcalaíno.

Análisis de la imagen

Frente a las tallas de Ayamonte y de Sevilla, la imagen sanluqueña tiene más sutileza compositiva y modelado con mejor resolución y plasticidad. El tratamiento del hábito, cayendo holgadamente sobre los pies y la peana con profundo y pesado plegado, es semejante al empleado en el San Francisco de Asís del sevillano Convento de Santa Clara, hacia 1623-1625. El gesto de los brazos entrelazados remite a los dos relieves del Bautismo de Cristo, el de la Catedral de Lima (1608-1622) y el de la sevillana Iglesia de la Anunciación (1620-1622); el San Diego tiene las manos más próximas entre sí pero el gesto de los dedos es el mismo y podría considerarse un precedente compositivo de ambos relieves. Además, la morfología de los pies y la silueta sinuosa de la base son detalles observables en buen número de obras del gran imaginero.

Comparativa con San Francisco

Analizando la cabeza, el gesto de introspección y humildad de los relieves del Bautismo ya se encuentra en el San Diego, el cual remite más directamente a las Inmaculadas realizadas por Montañés en la década de los veinte del XVII y a la Santa Ana de la Iglesia del Buen Suceso (1632-1633). El rehundimiento del entrecejo y el fruncimiento de la frente se repiten en el San Francisco de Santa Clara y en otras obras montañesinas, algunas tan tardías como el San Pascual Bailón de Medina Sidonia (1636). También hay proximidad con las otras representaciones de San Diego del maestro para Ayamonte y Sevilla, observable en los angulosos perfiles del rostro, con pómulos marcados y mejillas hundidas (la de Ayamonte incluso comparte modelado de las orejas) y en el escaso volumen del cabello, peinado hacia delante mediante un dibujo ondeante de gran proximidad, disposición igualmente similar al santo de Medina.

Comparativa con el Bautismo

Sobre la cronología

Acabando con lo puramente técnico, la imagen está tallada en pino, a diferencia de las grandes creaciones posteriores de Montañés que hacen uso predominante del cedro; el uso del pino en su primera etapa está testimoniado en los contratos del San Diego encargado por Juan Sánchez en 1591 y del San Cristóbal de la Iglesia del Salvador en 1597. Finalmente, la imagen está ahuecada en su interior, lo que es un detalle habitual en Montañés, que aparece reflejado en la escritura por la que se compromete a hacer la de San Cristóbal. La cronología es algo compleja por faltar documentación, pero la talla jerezana de Lamberto, basada en la que analizamos y fechada hacia 1591-1592, nos lleva a que se haría hacia 1590-1591 y, así, debe considerarse uno de los primeros ejemplares producidos por el de Alcalá la Real, el cual mostró, aparte de precocidad técnica, cierta inmutabilidad estilística.

Creación de un modelo

Fray Diego nació en 1400 en San Nicolás del Puerto (Sevilla), vivió los últimos años de su vida en Alcalá de Henares, donde murió en 1463, y fue canonizado en 1588, año en que Lope de Vega le escribió un soneto que, al terminar con “Así a la cruz divina, Diego, asido,/sus brazos con los vuestros enlazados,/arribasteis por ella al alto cielo”, influyó en la iconografía montañesina. Con esto y otros detalles, como las voluminosas mangas del hábito, que podrían aludir al conocido como milagro de las rosas, Montañés creó en la imagen de Sanlúcar un modelo. Ese modelo fue seguido, además de las copias basadas en el original de Hernando Lamberto, por imágenes de otros autores como el San Diego de Almensilla (Sevilla), el del municipio canario de San Andrés y Sauces (La Palma) y el de Utrera. En pintura, este mismo tratamiento iconográfico fue dado por Zurbarán en un cuadro conservada en la Galería Nacional de Irlanda y en otro que está en colección particular.

Fray Diego y Sanlúcar

Montañés llegó a Sanlúcar para trabajar en 1616, bajo el patrocinio de los Medina Sidonia, pero la presencia de una imagen suya tan temprana y de tal entidad artística se explica especialmente por la vinculación de fray Diego con la localidad, donde residía temporalmente en sus viajes entre Canarias y la Península, así como en 1449 cuando fue a Roma. Su alojamiento era el Convento de San Francisco el Viejo y junto a su celda (luego convertida en ermita) plantó un pino cuya corteza y piñones, considerados milagrosos, se aplicaban contra calenturas y otros males. Ese pino dio nombre a los jardines de la ermita y luego al barrio allí desarrollado, que incluye la plaza de toros, llamada la Plaza del Pino. La existencia de la ermita de San Diego explica que la imagen de Montañés no aparezca en los antiguos inventarios de la Iglesia de San Francisco, pues la imagen fue trasladada a ella. Allí permaneció hasta que, en el siglo XX, la ermita quedó abandonada y fue trasladada definitivamente a la iglesia del convento nuevo. Estos hipotéticos avatares explicarían el nefasto repinte contemporáneo que hoy en día presenta la imagen, como vemos en las fotos de Oscar Franco.

Romero Dorado

Obra de gran interés

Volviendo, para finalizar, a los autores del estudio, Moreno Arana y Romero Dorado, señalemos que no es la primera vez que se las ven con una descubrimiento sobre Martínez Montañés, pues en 2017 publicaron la documentación que prueba la autoría montañesina de la imagen de la Virgen con el Niño del altar mayor de la catedral de Huelva, fruto de sus investigaciones precisamente en el archivo sanluqueño de la Fundación Ducado de Medina Sidonia.

Moreno Arana

El estudio del que estamos informando se basa en el análisis estilístico y comparativo pero no es descabellado pensar que estos incansables historiadores del Arte puedan en un futuro encontrar documentación que corrobore la atribución que han hecho de la que, resumiendo, es una nueva obra de gran interés histórico-artístico para añadir al catálogo de Montañés.