O todos disfrutamos o todos respetamos

«Esta ‘guerra’ nos pertenece a todos, sin excepción»

La pandemia del Covid-19 ha llegado como un ‘tsunami’ a la sociedad mundial, ha arrasado con nuestras costumbres, nuestros hábitos e incluso con la vida de miles de personas. Los Gobiernos tuvieron la misión de protegernos al inicio de toda esta historia y siguen teniéndola, pero ahora los ciudadanos también jugamos un papel fundamental en una batalla que actualmente solo se puede combatir con un arma: Responsabilidad.

En esta complicada travesía, mientras aparece una vacuna contra el Coronavirus, los ciudadanos estamos obligadas a llevar mascarillas y respetar la distancia de seguridad para evitar contagios y salvaguardar la sanidad de todos las personas. No parece una tarea complicada.

Hemos asistido, con dolor, a ver partir a seres queridos que ya no volverán, al mal trago de luchar contra una enfermedad que seguimos desconociendo. Muchos todavía no tenemos la oportunidad de poder besar o abrazar a nuestros abuelos por miedo a la enfermedad.

También hemos perdido nuestro disfrute, porque la vida en sí es eso. Sin embargo, desde el pasado mes de marzo la vida es un poco menos maravillosa. Los amantes de los deportes no pueden asistir a ningún evento, ya que está prohibido por ley, a pesar del impacto económico que supone. Pero se llama responsabilidad.

No podemos jugar con ninguna pelota en la playa, ni bailar en una discoteca, entre otras cosas. Pero es algo de sentido común, y debemos aceptarlo con talante, porque están en juego miles de vidas.

Lo que no podemos consentir son escenas como la vivida esta semana en la plaza de toros de El Puerto de Santa María, con un recinto abarrotado y sin cumplir las medidas de distancia de seguridad.

No se trata de tauromaquia, no se trata del toreo, se trata de RESPONSABILIDAD. Si todos remamos en la misma dirección, el esfuerzo por no disfrutar durante un tiempo de las actividades que siempre nos han gustado habrán valido de la pena.

Por el contrario, anteponer el disfrute personal a la responsabilidad comunitaria, pone de manifiesto nuestra poca empatía por los demás.

La premisa es clara: O todos disfrutamos, o todos respetamos. Esta ‘guerra’ nos pertenece a todos, sin excepción, por lo que cualquier acto de irresponsabilidad individual repercute en el resto de la sociedad.

Se pueden cometer errores, como el de la plaza de toros de El Puerto de Santa María, pues el error forma parte de la idiosincrasia del ser humano, pero no podemos permitirnos el lujo de volver a repetirlo. Respetemos hoy, y mañana podremos disfrutar.