Vuelve a su casa y se han metido unos ‘okupas’

“Lo que no puede ser es que cualquier delincuente fuerce la puerta de tu casa, cambie la cerradura y, ¡hale!, para adentro”

Como estamos en tiempo donde las Fake News (si lo de noticias falsas no lo escribes en ingles, no eres nadie) abundan en cantidades industriales a extramuros de la honradez informativa, estos días de politiqueo, de impotencia y miedo ante el virus que nos machaca, ha saltado a la indigestión informativa una posible noticia falsa con respecto a los okupas y a su derecho a empadronarse en la vivienda “okupada”. Y hete ahí que me viene a la cabeza una historia que el verano pasado, cuando comíamos paella en los restaurantes, bebíamos cerveza fría y nos bañábamos a tutiplén en mar y piscinas, me comentó un conocido mío.

Ni quito ni pongo, traduzco a letras la integridad indignada de su comentario.

«No te puedes imaginar la sensación de igualdad, de solidaridad y fraternidad que me entró en el cuerpo cuando después de llevar más de veinte años trabajando duro, por fin pude comprarme una casa a plazos, y con lo poco que pudimos ahorrar en casa, recortando de aquí y de allá, intentar cumplir la promesa hecha a la familia desde hacía varios años; irnos de vacaciones ocho días a La Manga del Mar Menor como los señoritos. Sueño cumplido. Pero ¡ay!, amigo mío, me puntualizó mi apenado e indignado conocido, en qué hora se me ocurriría lo de las vacaciones, cuando regresamos a nuestro hogar, lo que debería haber sido dulce hogar, el dulzor se había convirtió en retama amarga, en cólico biliar de los duros, ya que alguien, con todos “sus” derechos por medio, había ocupado mi casa.

Eso sí, según me argumentaron los okupas por el ojo de la cerradura, se habían visto en la necesidad de ocupar aquella casa por la presión del capitalismo liberal, por el descarte que la sociedad había hecho con ellos, por la escasez del reparto de riqueza y no sé cuantos bla, bla, bla más. Así, como suena, con esa argumentación tan peregrina, y “democrática” por medio, los okupas habían plantado sus reales en mi casa; la casa que llevo diez años pagando letras, aparte de los quince que me quedan. Quede claro, me puntualizó encolerizado mi conocido, sobre todo para todos aquellos que traten de justificar el método de la “okupación”, que esos “oprimidos” sociales por el capitalismo liberal y bla, bla, bla, se habían colado en mi casa por las bravas y que todos esos detallitos de seguir pagando letras, pagar la luz, la comunidad, etc., era cosa de gilipollas, porque a ellos, esos convencionalismo de ricos y capitalistas, se las sudaba.

Y lo digo bien alto para que se enteren todos aquellos salvapatrias que habla del reparto de la riqueza…pero de la riqueza del de enfrente, yo soy un trabajador que también necesitan una casa. Como así he intentado tener gracias a mi trabajo y ahorro. Mi conocido estaba que trinaba. Lo que no puede ser es que cualquiera delincuente, en voz de mi amigo, fuerce la puerta de tu casa, cambie la cerradura y, ¡hale!, para adentro, a vivir gratis unos meses; muchas veces hasta años, y es que esta España últimamente es un autentico reino de Jauja para parásitos y golfos.

La irritación de mi conocido llegó a su cénit cuando me explicaba que después de poner la denuncia en la policía nacional, al no haber pillado en el momento de entrar en su casa a los okupas, no podían hacer nada, por tanto, mientras se resolvía judicialmente el caso, tenía que esperar. Sí, sí, lo que estás oyendo, tenía que esperar. Pero esperar, ¿dónde?, como no fuese bajo un puente. Pues sí señor, (lo de señor era por mí), a mí, a mis dos hijos y a mi pareja, además de seguir pagando las letras al banco, el agua, la luz, la basura y la cuota de comunidad, se nos abrían dos perspectivas de luz apagada: la primera, posiblemente la mejor vista a ojos de cierta sociedad buenista, esos que son muy dados a repartir lo que no es suyo, era hacer lo que había hecho después de que en la comisaría me recomendaran que lo mejor en estos casos era buscarse un abogado que solicitase una orden judicial de desalojo, y presentar una demanda civil de desahucio, si bien, en tanto que el juez que llevara el caso no lo resolviese, en el caso más favorable, seis meses por medio, lo mejor que podría hacer era irme a vivir con mi familia a otro lugar. Lo que así he tenido que hacer, irnos a vivir a casa de la madre de mi pareja,  porque el otro camino que me quedaba era el más contundente, pero el menos recomendable, coger la escopeta de caza y liarla parda».

Después de la kafkiana historia de mi conocido me interesé por lo legislado al respecto en otros países de nuestro entorno, observando que mayoría de países europeos, a diferencia de Portugal, que más o menos es similar a España, los trámites son bastantes más ágiles que en nuestro país, con una diferencia abismal de rapidez precisamente en los llamados países ricos de la UE, donde la solución hacia los okupas es, puerta y calle.

En Francia la Policía puede proceder al desalojo inmediato de la vivienda sin necesidad de orden judicial durante las primeras cuarenta y ocho horas desde que el propietario tiene conocimiento del hecho. Una vez pasado este plazo, los okupas deben probar ante la Policía que llevan residiendo en la citada vivienda al menos esos días y que el inmueble reúne las condiciones mínimas de habitabilidad. A partir de ese momento, el propietario debe denunciar y el desalojo se produce una vez exista sentencia judicial. Unos tres meses de media.

En Holanda basta con denunciar la “okupación” ante la Policía, que, una vez verificado el título de propiedad, puede personarse de inmediato con una autorización judicial para desalojar a los okupas.

En Inglaterra la ley ofrece dos alternativas. Por un lado, se puede denunciar directamente ante la Policía, que verificará la denuncia y arrestará a los okupas, una vez comprueben que están viviendo o pretenden vivir en la casa. Por otro lado, si ha pasado algún tiempo, el propietario pueden presentar un  formulario llamado Orden de posesión interina ante las autoridades, por lo general se resuelve rápido, la confirmación deberán entregársela a los okupas en cuarenta y ocho horas. Tras entregarle el documento a los okupas, si no se van rápidamente podrán ser enviados directamente a prisión en veinte y cuatro horas.

En Italia, el propietario deberá denunciarlo ante la Policía y una vez que un tribunal evalúe el caso en un juicio rápido, los agentes podrán proceder al desalojo. Además, deberán pagar los daños ocasionados en la vivienda, e incluso pueden ir a la cárcel.

Por su parte, en Dinamarca basta con acudir a la Policía y demostrar ser el legítimo propietario

En Suecia, en cambio basta con denunciar ante la Policía para proceder al desalojo inmediato.

Es una realidad que en el Artículo 47 de la Constitución Española se recoge la exigencia de que todos los españoles tenemos derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, pero claro, sobre el incumplimiento de este artículo, de haber culpables, sería el estamento político que no ha sido capaz de arbitrar fórmulas para que así se cumplan.

En 2018 entro en vigor la Ley de Desahucio Exprés, de la que todo el mundo llegó a pensar que a partir de ese momento la liberación de la vivienda ocupada sería con urgencia, sin embargo la realidad es que, en el mejor de los casos, de tres a seis meses de paciencia, gastos y trámites, no hay quien los quite, de ahí que muchas veces la ciudadanía española llegue a pensar que esto, o sea España, como dice mi conocido: es un reino de Jauja para los okupas, para el resto de españoles es otra cosa.