La COVID-19 es una infección que vamos conociendo día a día. Hoy sabemos más que hace 7 meses, pero en principio lo más seguro frente a ella en la actualidad es la prevención: Lavado frecuente de manos, mascarilla, y distancia.

Según reconoce en una entrevista con Infosalus el doctor Pedro Rascado, intensivista y coordinador del Plan de Desescalada COVID-19 de la SEMICYUC, a día de hoy no hay ningún tratamiento efectivo para curar la enfermedad y matar el virus, “con lo cual el manejo de los primeros días no cambia demasiado, porque es sintomático”.

Si es verdad, según continúa, que el tener conocimiento de los pacientes puede servir para detectar precozmente el deterioro y empezar algún tratamiento más efectivo, como los corticoides, “el único tratamiento que por ahora en estudio ha demostrado efectividad en casos de distress respiratorio”, y el ‘remdesivir’, “un antivírico cuya eficacia no es excesiva, aunque se usa”.

Así, cuenta que los pacientes con mayor riesgo de complicaciones son los de más edad y comorbilidades, aunque destaca que con la COVID-19 “nadie está libre de complicación grave”, por lo que según insiste, es tan importante la prevención, dado que no hay un tratamiento eficaz al 100% en la actualidad.

Principales complicaciones en pacientes graves 

Sobre si en las personas de riesgo al contraer la enfermedad generalmente los síntomas aparecen antes, y se agrava antes su evolución, el experto de SEMICYUC asegura que “no tiene por qué”. Por otro lado, recuerda que se están detectando muchos casos de asintomáticos en gente joven sobre todo, gracias a la detección a través de PCR.

En cuanto a las principales complicaciones que se están viendo los pacientes con cuadros graves de COVID-19, el doctor Pedro Rascado apunta en primer lugar al distress respiratorio, “el más importante”, y que les puede provocar la necesidad de intubar y de ventilación mecánica.

A su vez, señala a los fenómenos vasculares, como las afectaciones cardiacas, o las trombosis. “Es una enfermedad sistémica que puede afectar a muchos órganos y producir el fracaso multiorgánico. Al principio pensábamos que sólo afectaba a los pulmones, pero ahora se ve que pueden ser más complicaciones, como fenómenos vasculares o el distress respiratorio”, añade el especialista.

La evolución natural de la enfermedad 

El intensivista y coordinador del Plan de Desescalada COVID-19 de la SEMICYUC recuerda aquí que desde que tenemos el contacto con alguien infectado hasta que se desarrollan los síntomas pueden pasar de uno a catorce días, aunque suele ser más frecuente que estos aparezcan en los primeros siete días.

Descartando los asintomáticos, la evolución suele ser favorable, según aprecia el especialista, desapareciendo los síntomas en la mayor parte en la primera semana. “Pero hay casos donde hay enfermedad más grave, que empeoran a lo largo de la primera semana, aunque no es igual en todos los casos, pero en la gran mayoría en los siete-diez primeros días se resuelve la infección”, mantiene.

No obstante, indica que en algunos pacientes se ve que en el largo plazo no se recuperan bien del todo, y por ejemplo pacientes jóvenes sobre los que pensamos que no van a aparecer complicaciones, el doctor señala que ha visto casos donde meses después estos se siguen notando débiles, o por ejemplo con dificultades para hacer el ejercicio que hacían previamente. “Por eso es tan importante prevenir los contagios”, mantiene.

De hecho, recuerda que en la COVID-19 no sólo son los síntomas y el superar la enfermedad, sino también las secuelas que puedan quedar en el paciente, registrándose sobre todo dificultades a la hora de recuperar la capacidad funcional que los pacientes tenían de forma previa a la infección, “y más en pacientes que no tuvieron una enfermedad inicial especialmente grave”. “Pacientes no tan graves, y que no han estado en la UCI también están presentando dificultades para recuperarse meses después de la enfermedad”, insiste el doctor Rascado.