Priego (Córdoba), domingo 6 de septiembre de 2020. Corrida de toros mixta, organizada por la empresa Puerta Grande Granada. Temperatura agradable. Un cuarto de entrada, máximo permitido para respetar al distancia de seguridad por la normativa sanitaria. Preside Javier Ibáñez. Ameniza la Banda Municipal de Música de Priego, dirigida por José Pablo Arjona. Al terminar el paseíllo se guardó un minuto de silencio por las víctimas del coronavirus.

Toros de Fermín Bohórquez para rejones, bravos, y de Fernando Sampedro para lidia a pie, sin fuerza y descastados.

Lea Vicens, pinchazo y rejonazo; oreja. Gran rejonazo; dos orejas.

Enrique Ponce, entera arriba; oreja. Dos pinchazos y honda desprendida, con dos descabellos; ovación.

Emilio de Justo, Entera algo tendida y seis golpes de descabello; ovación. Dos pinchazos y media; ovación.

Incidencias: Se trató de una corrida nocturna, que empezó a las 21:00 h. Actuó de sobresaliente Enrique Martínez Chapurra. Entre los subalternos destacó Abraham Neiro (de las filas de Ponce). Lea Vicens no salió a hombros por la normativa contra el coronavirus. El festejo fue transmitido por Canal Sur TV.

En este año de nuestras pesadillas, cuando los festejos taurinos son escasos y se programan, aparte de con cuentagotas, con miedo de que se suspendan por orden de la superioridad (y muchos se acaban suspendiendo), parecía un triunfo que la corrida mixta que en Priego ha preparado José Antonio Cejudo llegara a materializarse. No deja de ser un poco raro eso de que los festejos nocturnos se vayan convirtiendo en algo no infrecuente.

Priego de Córdoba

Esto va pareciendo un poco Portugal; esperemos que sea solo el asunto del horario, pero qué duda cabe de que el sol (“los toros quieren sol y moscas”) ayuda a crear un ambiente y un estado de ánimo distinto, más festivo, menos recogido. Ello no es obstáculo para, tras el minuto de silencio, la gente de modo espontáneo grite vivas a España, quizás por la constatación de que esos gritos no se escuchan allí donde denuestan a nuestra fiesta, donde los denuestadores acaban cansando, acaban con nuestra paciencia, y hay que decirles, gritarles, que los toros son algo nuestro.

Lea Vicens, de chaquetilla vaquera negra (sin adornos de pavo real), en su primero, recortadito pero que sale con patas, para sobre la yegua baya Guitarra, deja un rejón de castigo algo trasero y luego torea con la grupa en varias pasadas; con el castaño Gacela pone dos banderillas buenas ejecutadas con quiebros fuertes, marcados, y se queda toreando de costado, a dos pistas; saca el cruzado de lusitano y árabe Diluvio, que luce cordón corrido, y aunque falla una banderilla la segunda queda bien y sale templando; el novel Deseado sale para la colocación de dos rosas (en recuerdo de Ángel Peralta), tras las cuales sale haciendo levadas para acabar jugando con el toro; el caballo Espontáneo es utilizado sólo para poner el rejón de muerte.

Lea Vicens con Diluvio
Lea Vicens con Diluvio

En su segundo, desarrollando un galope mantenido, utiliza la yegua castaña Cleopatra de salida y pone un rejón fácil, que es suficiente; con el morcillo Bético, caballo muy expresivo, encela a dos pistas y deja al cuarteo tres banderillas en lo alto, de las que sale jugando; el blanco Diamante cita tierra a tierra antes de colocar al cuarteo una arriesgando pero en la segunda quiebra en falso y repite el cite desde tablas para colocar otra arriba; con el caballo Greco, también tordo en fase blanca, ejecuta dos rosas y se adorna con posada;  Espontáneo sale nuevamente sólo para el rejón de muerte. Lea es ya una realidad consolidada del rejoneo, con la madurez suficiente para justificar por qué la temporada pasada quedó líder en el escalafón.

Lea Vicens con dos orejas

Enrique Ponce, de gris plomo y oro, a su primero, acapachado que escarba y es abanto de salida, lo para en tablas cuando echa las manos por delante y en los medios traza verónicas de arco amplio con media recogida; la pelea es desconfiada y la puya, cuidadosa, saliendo con quite por chicuelinas de mano baja y revolera fácil. Dos pares son suficientes,  como va a ser norma en toda la noche. Tras brindar al público, inicia en tablas por bajo y el bicho ya empieza a cabecear; la derecha es la base de la faena y los cabezazos, también, pero a media altura y consintiendo el animal va tragando, hasta que marca tablas , de donde sale con serie a media altura, templando y uno de pecho (cómo será que hasta los de pechos se convierten en protagonistas); por la izquierda en el primer pase se deja ver su negativa y volvemos a la diestra, para buena serie, citando con la tela algo retrasada por lo corto de la embestida y acompañando con la cintura pero terminando, ay, con el de pecho despegado; la serie preparatoria va de uno en uno.

Enrique Ponce
Enrique Ponce

En su segundo, que remata en tablas, saluda en tablas y ahí se acaba la tentativa por falta de colaboración; en el caballo empuja a media altura y es castigado con la salida tapada; en la prueba, que no quite, demuestre que se quiere ir. Neiro se esfuerza en los pares. El inicio es un probar por alto y por delante; con la izquierda, hay ayudados pero el animal no tiene recorrido y se llega a parar; a derecha el toreo es de uno en uno y la embestida, punteando y con la cara arriba en la salida; terminamos por la izquierda con ayudados a un toro marrajo, que a la hora de la espada va a ayudar mucho menos.

Emilio de Justo, de verde y oro, en su primero, castaño bizco del derecho, da con el capote un gran recibo, avanzando de tablas al centro para terminar con media y larga cambiada por bajo; la llevanza por chicuelinas es majestuosa, de las que recuerdan al Paula de las buenas tardes, dejándolo con revolera genuflexa, pelea a media altura ante un castigo medido; el quite es, otra vez, de verónicas grandes y media rotunda; qué forma de torear con el capote. Tras los dos pares, el brindis va al público y la faena empieza directamente en los medios con una tanda en redondo para mostrar credenciales, aunque el toro, que quiere, se muestra ya con poca fuerza; vienen dos nuevas tandas en redondo mucho mejores y con ligazón pero el bruto amaga con aquerenciarse; por el pitón izquierdo hay una colada que obliga a recolocarse y a torear de uno en uno; de nuevo con la derecha, hay una serie de trincheras hacia tablas, que es donde se quiere ir el sampedro. El estoque de cruceta impide los trofeos a una gran labor.

Emilio de Justo
Emilio de Justo

A su segundo lo saluda con lances genuflexos, ganando terreno y cerrando con media de cartel; el verdadero aficionado debe tener en cuenta la labor con el capote para decidir la valoración de toda la lidia; el animal es tardo en ir al caballo y al contacto con la puya cae al suelo todo lo largo que es, provocando palmas de tango. Los pares son una y una. La faena se inicia por alto con templanza, siguiendo dos series en redondo con toreo vertical; por la izquierda el cacereño torea de uno en uno aguantando parones tremendos; de nuevo a diestra consigue un poquito de más ligazón soportando tornillazo; por la izquierda intenta el toreo de frente pero el bicho no va; cambia de pitón y sigue citando de frente y toreando de uno en uno, con el de pecho completo pero sin colaboración, a base de valor; las manoletinas finales son de muchísimo riesgo. Otra vez la espada roba trofeos pero el aroma del buen toreo, toreo caro, se queda en la memoria olfativa y gustativa de los que han podido ver a un torero cuajado y que hay que apuntar entre los grandes de nuestros días.

El festejo termina y las cuadrillas van saliendo en un orden respetuoso, despidiéndose del público, también respetuoso. El coronavirus ha impuesto un “tempo”, unos ritmos en nuestras vidas que hace sea todo ordenado, meticuloso, cuidadoso de no infringir con una expansión. Cuándo acabará para que todo vuelva a ser igual. De momento, el toreo sigue en la lucha por recuperar la normalidad.