El Cristo de la Victoria, de la Catedral de Málaga, se encuentra de nuevo expuesto al culto en su capilla desde este jueves 5 de noviembre, tras un proceso de restauración que ha llevado a cabo Quibla Restaura.

Este trabajo forma parte «del empeño de restaurar el rico patrimonio que la Catedral custodia; para ponerlo en valor ante sus visitantes y que sigan cumpliendo el objetivo de acercar a Dios a los fieles», han informado desde el Obispado.

En un comunicado han precisado que en poco espacio de tiempo se han intervenido tres grandes crucificados que forman parte del arte producido en torno al siglo XVII en Andalucía, y que, en palabras del deán de la Catedral, Antonio Aguilera, «se han convertido en iconos significativos de la Catedral».

Según ha explicado en primer lugar está la restauración del Cristo del Perdón, con motivo de la exposición monográfica sobre su autor Pedro de Mena, Granatensis Malacae; que junto a la Dolorosa, fue restaurado por Francisco Naranjo y María Ángeles Mulero en el Palacio Episcopal.

También el Cristo de la Clemencia, que formaba parte del Calvario que remataba el retablo de la cabecera de la Iglesia del Sagrario; ha sido restaurado en este caso por Juan Manuel Miñarro en su estudio de Sevilla y será expuesto en su ubicación tradicional cuando se acometan las obras de dicho lugar.

El Cristo de la Victoria una talla histórica de Málaga

La última de las obras en la que se ha intervenido es el Cristo de la Victoria, que procede del antiguo convento de los capuchinos de Málaga y fue tallado por Alonso de Mena y Escalante; «autor que, sin olvidar la tradición clasicista de la que bebe, muestra en sus esculturas las nuevas claves barrocas marcadas por las disposiciones del Concilio de Trento», ha dicho.

Este Cristo data del siglo XVII y muestra un crucificado expirante, que mira al cielo antes de morir. Ha sido restaurado por Quibla Restaura en el Obispado de Málaga; un equipo que posibilita que luzca nuevamente esta imagen en la capilla de su mismo nombre, en la Catedral.

El tratamiento ha supuesto la limpieza de la policromía, el tratamiento de protección ante agentes xilófagos y la reparación de elementos dañados por el tiempo; «todo bajo los parámetros de intervención mínima y reversible que ha sido fruto de un equipo multidisciplinar de seis restauradores y restauradoras, dos tallistas y un equipo de químicos», han indicado desde el Obispado.

Tras estudiar otros crucificados de Alonso de Mena, se comprobó que el Cristo de la Victoria debió contar en su origen con una cruz arbórea. Por tanto, se consensuó con la Catedral la posibilidad de realizar una cruz de nueva factura para sustituir a la que acompañaba al cristo al no ser la original. Ha sido realizada por el taller de Trillo y Lamas.