Antes de lo que se venía, ya podíamos ver cómo numerosas universidades comenzaban a adoptar las técnicas de enseñanza de la UNED como una alternativa a la educación presencial. La gran ventaja es que podía compaginarse con otras responsabilidades, ya fueran laborales, familiares o de cualquier índole.

El caso es que lo que en la UNED se presentaba como una excepcionalidad, ahora las universidades lo están vendiendo como una opción más ventajosa que la educación presencial en todos los sentidos, aprovechando la problemática del Covid.

He reflexionado sobre esto y si hay algo que no recuerdo en mi etapa universitaria es justamente el contenido del temario. En cambio, sí que recuerdo qué profesores con su forma de acercarse al alumno conseguían captar nuestra atención en la asignatura, mientras que otras, a priori mucho más interesantes, eran explicadas con menos ritmo que un partido amistoso de fútbol. Incluso podría recitar de memoria el precio de los cafés de las máquinas (que por muy bajo que fuese no justificaba los efectos colaterales de su ingesta)

«Hay momentos que no se pagan en la matrícula»

Pero sobre todo, a la conclusión que llego es que la universidad tal y como yo la concibo no es solo una cuestión de conocimientos. Es el mayor entramado de relaciones sociales de nuestra vida y, como consiguiente, de futuras oportunidades laborales. Hay momentos que no se pagan en la matrícula precisamente porque no tienen precio: los nervios compartidos antes de un examen, las exposiciones mientras tus compañeros te intentan desconcentrar mediante todo tipo de mofas, la gente que acude a clases antes de tiempo para coger el sitio en primera fila, el que llega tarde todos los días…

Uno cuando acaba la universidad siempre tiene la sensación de que, formativamente, sigue teniendo muchas lagunas. Dudo que nadie que salga de una carrera pueda afrontar su profesión sin ayuda alguna. Pero lo que si te deja es una red social que abarca distintos municipios, distintas edades, distintas culturas…En definitiva, gente con la que compartir tus futuros éxitos y fracasos.

Y es que parece que nos olvidamos que la universidad es esa etapa de la vida que empieza con una cerveza con desconocidos el primer día y acaba con una cena con amigos cuatro años después.