«La poesía al servicio de la vida, y viceversa»

Aitor Saraiba: «Realmente yo aquí he llegado por azar, he llegado porque era un deber, es por lo que yo estoy en el mundo»

Aitor Saraiba (Talavera de la Reina, 1983), escritor, ilustrador y artista, cuenta cómo pasó su infancia entre hilos, lápices y música. Estudió Bellas Artes en Cuenca y ha vivido en varios continentes que le han hecho escribir a partir de sus experiencias una extensa bibliografía. Su última obra llegó a las librerías el pasado 15 de octubre, “Me encanta cuando tus garras acarician mi alma”, siendo un poemario a modo de diario lleno de despieces directos del corazón, versos “prohibidos”, e ilustraciones vertidas para explicar lo que con palabras no se puede.

Bueno Aitor, sabemos que estás de presentaciones por la publicación de tu último libro “Me encanta cuando tus garras acarician mi alma”. ¿Cómo están yendo, cómo te estás sintiendo?

Pues increíble la verdad, estoy súper agradecido y la gente que vino genial, no tenía mucha idea si iba a venir alguien, pero al final todo al completo y está siendo todo esto un regalo para mí, estoy aprendiendo mucho de ellas, sobre todo de una que tuve en Madrid la semana pasada. Estoy aprendiendo muchísimo en mis propias presentaciones.

¿Cómo qué?

Bueno, se tratan muchos puntos de la poesía al servicio de la palabra o la poesía al servicio de la vida, y cómo una cosa va de la mano de la otra.

Nos encantaría que nos hablaras sobre tu infancia, ya que se dice por ahí que la personalidad se forja durante esta. ¿Cómo recuerdas tu infancia en Talavera?

A ver… para mí esto es muy fácil escribirlo en un libro, como por ejemplo “El hijo del legionario” (trata sobre el tema), pero contarlo… es complicado. Para eso utilizo mucho la herramienta del dibujo y de la escritura, porque sí que es verdad que hay cosas que solo puedo contar desde ahí. La gente a mi alrededor en mi vida cotidiana descubre cosas mías a través de mis libros.

Mas allá de eso mi infancia no fue tan diferente a la de muchísima gente de mi generación en una España de los ochenta siendo de barrio, con todos los baches que se puede encontrar un niño de barrio. Hay muchas biografías españolas parecidas a la mía.

¿Cuáles eran tus sueños por aquél entonces?

Bueno… no lo sé. Es decir, vengo de un entorno donde el mundo es muy reducido y las salidas eran muy pocas. Cuando creces ahí y las ilusiones son pocas, no piensas que pueda haber otras cosas.

Piensas que la vida es eso, que la vida es ese barrio, son esas calles… esa gente. No piensas que puedes ser artista, ni en la literatura ni en los museos, eso es una llamada que tú llevas dentro que te empuja a seguir hacia adelante y sin saber cómo, pues llegas a ella. Además, yo nunca fui el niño que va a clases de dibujo ni a clases extraescolares, ni nada.

¿Cuándo te diste cuenta de que realmente querías ser artista?

Realmente yo aquí he llegado por azar, he llegado porque era un deber, es por lo que yo estaba en el mundo. Aunque no sé si realmente es mi sueño, tengo otros muchos sueños que no sé si llegaré a cumplir, pero para nada es el sueño de mi vida. De hecho, muchas de mis obras como pueden ser los dibujos curativos son obras que hice mientras trabajaba en trabajos de ocho horas de lunes a viernes y sin esperar que eso iba a llegar a algún sitio, sino que lo hacía por pura necesidad espiritual. No era un plan premeditado, yo quería sanar ciertas cosas y quería usar como herramienta el dibujo, porque para mí el arte era la única garantía de salida.

Sí que es verdad que, si ahora de repente todo se derrumba a mi alrededor, y tuviera que trabajar en la hostelería o en una tienda de ropa, eso no quiere decir que yo sea más o menos artista. Asumiría la situación y seguiría creando mis libros y mis cosas, además cada vez que saco un libro lo disfruto como si fuera la última, porque realmente nunca sabes cuando lo será.
Mi obra no va sujeta al público, intento hacer lo que me apetece y en el momento en el que deje de funcionar pues ya está, nunca ha sido un plan.

¿Qué otros sueños tienes?

Tengo tantos… que no sé. No son sueños materiales, son más bien emocionales, de dónde quiero estar yo o donde me gustaría que estuviera el mundo. Me encantaría que a través de mis actos y mis obras que el mundo fuera un lugar mejor.

Me preocupa mucho hacia donde va la naturaleza y el planeta, y tengo muchos sueños en cuanto a eso, creo mucho en el ser humano todavía, el ser humano es todavía muy poderoso y puede cambiar muchas cosas, ya sea para mal pero incluso para bien. Con mi obra intento hacer del mundo un lugar mejor.

¿Qué nos puedes contar sobre tu proceso creativo?

A ver, realmente no tengo un proceso creativo, sino que trabajo todo el día. No es un proceso creativo con horarios, ni nada. Realmente es la parte más complicada del ser autónomo, que tienes una parte burocrática y que es la que mayor tiempo te quita, es la realidad de una logística. Eso según te vas profesionalizando se va convirtiendo en parte de tu proceso creativo también.

Luego está la otra parte, es la de crear en sí, y ahí si que no tengo ningún tipo de horario, sino que intento dedicarle todas las horas que puedo al silencio, y en ese silencio es de donde vienen muchas respuestas: huir del ruido para encontrar respuestas, que muchas veces llegan en un dibujo, una palabra o cualquier otra cosa. El proceso creativo al final es, en mi caso, una forma de vida.

¿De dónde viene tu inspiración?

De la vida cotidiana. Mi biografía y la gente que tengo alrededor siempre han sido mi fuente de inspiración y creo que lo serán durante mucho tiempo.

Según tú, el libro que has publicado “Me encanta cuando tus garras acarician mi alma”, se resume en que has “arrancado una parte de ti”

Sí, bueno, no sé realmente si he arrancado una parte de mí, porque de hecho en ese libro casi no me reconozco, es mi peor versión. Es algo que estaba dentro de mí y que simplemente ha salido.

¿Cómo ha sido el proceso durante los cinco años de creación del libro?

Claro, cuando tu inspiración es tu biografía, estás sujeto a todo que depende de ti, entonces hay historias que tú considerabas cerradas y se vuelven a abrir, y el libro continúa. Este libro ha sido un ejemplo de eso, se ha alargado mucho en el tiempo porque el proceso creativo está sujeto a mi biografía y no quería publicarlo hasta que no noté que había una sanación y una herida curada y estaba curado.

¿Cómo te sientes después de haberlo publicado y que haya sido recibido de forma tan positiva?

A ver, ha sido una sorpresa. No pensé que el libro iba a ser tan bien recibido, ya que era una obra en la que estaba tan metido dentro que no me paré a pensar en nada. No me lo imaginaba.

Con la publicación estoy recibiendo muchos mensajes e historias que les ha pasado a las personas que lo han leído, muchas experiencias y cercanía. Están pasando cosas muy interesantes y estoy muy agradecido.

Tienes una extensa bibliografía de publicaciones. ¿Cuál es tu favorito y por qué?

“El hijo del legionario”, sin duda. Fue mi primer libro y que ha envejecido muy bien y ahora tiene más poder que cuando salió ya que no fue entendido. No es mi mejor libro por la escritura o los dibujos, pero para mí es el mejor, más allá de cómo esté hecho, pero a nivel de lo que significó en mi biografía hacer un libro así.

También has hecho colaboraciones, como por ejemplo con Paula Bonet. ¿Qué nos podrías contar sobre el trabajo con Paula?

Sí, el libro que creamos entre ambos fue inolvidable, aunque se titule “Por el olvido”. Para mí, el libro marcó un antes y un después, e incluso estuvo a punto de no publicarse, y aparte Paula con su generosidad ilustró mi parte más personal, ya que relato incluso muertes de amigos míos, viajes, familia, etc.

Es muy importante porque ya sabía que no quería dibujar ahí, que lo único que quería era expresar con mis textos, no quería hacer lo que había hecho hasta ese momento, buscaba un cambio radical y absoluto.

Nos gustaría conocer un poco tu día a día, tu rutina.

Bueno, pues lo primero que hago por la mañana es pasear a mis perros, todas las mañanas. Prácticamente en pijama por aquí por mi barrio los saco a pasear. Luego normalmente dedico una gran parte del día a la parte burocrática que hablábamos antes, que me quita siempre más horas de la que me gustaría. Después, por las tardes ya las dedico a la parte más creativa.

Mi día a día realmente es muy irregular, no se parecen en nada. Por ejemplo, hoy estoy en una ciudad y mañana no lo sé, lo mismo tengo que ir a algún país la semana que viene y a la siguiente a otro. Es muy difícil tener y mantener una rutina, y me da mucha pena, ya que a mi me encanta la rutina. Con este trabajo es difícil, y al final tu rutina se convierte en no tenerla.

Pero yo soy una persona muy ordenada, entonces intento adaptarme al caos y mantener un orden dentro de este.

¿Sueles escuchar música a la hora de crear?

Bueno, antes sí, pero cada vez menos. He empezado a disfrutar mucho del silencio. Antes no contemplaba la creación sin música, era como una necesidad y me di cuenta de que en esa escucha se me iba mucha energía hacia otros lugares. He encontrado una música preciosa en el silencio.

¿Podrías comentarnos cuáles son tus referentes creativos?

Tengo muchísimos. Borges y Roberto Bolaño son mis escritores favoritos. E ilustradores… mi ilustrador magistral es William Blake. Para mí es una referencia absoluta, esa dependencia de texto e imagen es brutal.

¿Lees ahora mismo algo?

Pues estoy leyendo como siete libros a la vez. Justo ahora mismo antes de hablar contigo estaba leyendo unos textos que había escrito Borges sobre William Blake.

¿Tienes algún otro proyecto entre manos?

Sí, estoy muy metido en toda la creación textil y los tapices. Luego tengo muchas cosas que irán saliendo, pero en lo que más me estoy centrando ahora mismo es en lo textil.