En todos los ámbitos de la sociedad se han hecho notar las consecuencias causadas por el nuevo coronavirus. En este caso, ponemos la lupa en los animales, una de esas partes que sin tener culpa de nada, está pagando con creces las consecuencias de la pandemia.

El confinamiento, provocó un gran aumento en el número de las familias que tuvieron que pedir ayuda a las protectoras para que se hagan cargo de sus mascotas. Numerosas familias, incapaces de hacer frente a su mantenimiento o debido a una mudanza forzosa, no han podido hacer frente a la responsabilidad que conlleva mantener a un animal.

Esta circunstancia, junto a un gran descenso de las adopciones, ha llevado a muchos refugios de animales a la saturación y a una situación límite. Este es el caso de numerosas protectoras en Cataluña que aseguran haber registrado un incremento de las llamadas que piden ayuda para poder hacer frente a las necesidades de sus mascotas por la falta de ingresos.

Eva Martí, presidenta de la asociación Kmakus de Girona, explica a Efe que muchas familias que les han pedido ayuda «tenían lugar para sus perros, pero ahora han tenido que buscar pisos en alquiler» donde no los aceptan.

En este sentido, el refugio Bú Bup Parc, también ha experimentado esta tendencia al alza y explica que ahora recibe mínimo siete llamadas al día de personas que no pueden hacerse cargo de sus mascotas.

Peores números en la entrada de animales a refugios

Por lo general, la entrada de animales a refugios durante el 2020 ha sido menor que el año pasado a causa del estado de alarma, pero también han disminuido las adopciones, y esto está causando la saturación de muchos refugios, sobre todo aquellos pequeños y medianos.

Un ejemplo es el caso de la Protectora de Animales de Mataró (Barcelona), que durante el periodo de confinamiento recibió un total de 222 entradas de animales, 83 menos que el mismo periodo del año pasado, pero también se tramitaron 80 adopciones menos.

El confinamiento alteró por completo los procesos de adopción que seguían las protectoras, quedando paralizados en la mayoría de los casos, y muchos refugios han aprovechado la situación para hacer el proceso más exhaustivo.

Lydia Argilés, que cuenta con una protectora privada en Lleida, asegura que ya van alrededor de 300 adopciones en lo que llevamos de año, pero que, a raíz del confinamiento, han puesto más atención en el proceso de adopción para evitar adopciones interesadas.

«Desde que una familia viene al refugio hasta que finaliza el proceso de adopción pueden pasar 15 días», asegura Argilés, ya que antes de llevar a cabo los trámites se aseguran de que esa familia pueda y quiera cuidar al animal mediante un periodo de convivencia previo.

Estos datos, solo hacen evidenciar el complicado momento que nos encontramos pasando, que incluso ha repercutido a un mundo tan noble y tan bueno como es el de los animales.