Sábado de Pasión: entre las vísperas y la Semana Santa

Recreación de una jornada equiparable a la grandeza de los días santos

Antaño se configuraba como una jornada en blanco. Un jornada de descanso. Una jornada que era ínterin. Una jornada que era paréntesis. Una jornada que era antesala. Una jornada que era preámbulo del repeluco. Una jornada que era invitación al reposo. Una jornada que era estancia en casa, acopio de sueño, relajación de las perneras, bocetos de rutas diarias…

El Sábado de Pasión era provisión de impaciencias. Emoción contenida. Sustracción del tiempo. El Sábado de Pasión era prefacio de la felicidad. Era mirada al cielo, por aquello del veredicto de los partes meteorológicos. El Sábado de Pasión era zaguán, olisqueo, traje a punto… Arroz con leche de menos, torrijas de más, Dios que se aproxima a la ciudad.

Y sorpresa por la eficacia de la cuenta atrás. Porque de tanto esperar el cofrade la llegada de la Semana Santa, de tanto descontar días en el calendario de los preludios de primavera, resulta que un buen día descubres que ya está aquí, como de sopetón, la fiesta. Y este hallazgo siempre cobra conciencia en la mañana del Sábado de Pasión. Cuando la claridad del día modela la luz apoteósica de la siguiente mañana, que ya será de Ramos.

Todo esto era antes. Años atrás. Pero la realidad, como el movimiento, se demuestra andando. Y, como en un poderoso sortilegio inimaginable hace apenas una década, últimamente el Sábado de Pasión ya se equipara por derecho propio, y por mérito de las así denominadas Hermandades jóvenes, a cualquier otra jornada de la Semana Santa.

Sí, equiparación a cualquier otra jornada de la Semana Santa. Por calidad y cantidad de cofradías Y por ambientación de público a pie de acera. Por aceptación de las gentes. Y por motivación de los cofrades de estas novas, novísimas cofradías, que paulatinamente están edificando otro aporte más de evangelización. Un suma y sigue al carisma cofradiero de Jerez.

Sin embargo, el Sábado de Pasión protagoniza ahora una especie de metamorfosis en su propia concepción de apuesta por cofradías sobre el asfalto. Por el propio deseo -lógico- de estas Hermandades de realizar estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral y por un criterio del obispado de reubicar estas corporaciones de vísperas -algunas más avanzadas que otras en cuanto a su patrimonio material- sobre la configuración de la misma Semana Santa.

Téngase en cuenta que hace apenas dos años el Sábado de Pasión presentaba un plantel de tanta envergadura como el conformado por la Hermandad de la Salvación, Hermandad de San Rafael, Hermandad de la Sed, Hermandad de la Misión, Hermandad de la Sagrada Mortaja, Hermandad de la Entrega… Cofradías ya con estilo definido, con un alto índice de público en derredor…

En este 2020 el Sábado de Pasión regresará a sus orígenes. Por este cortocircuito global de la pandemia del coronavirus. Este Sábado de Pasión también será de reposo. Y de descanso. En una Iglesia Doméstica que a no dudarlo necesita de nuestra presencia. En Una Iglesia Doméstica que a su vez ha de escribirse tal que así: con letras mayúsculas…