Los presidentes de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, de la Junta de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, han defendido este sábado la España de las autonomías, para la que todavía ven margen de «mejora», frente a los «populismos» y a la «inestabilidad» de la política estatal, que aboca a un «problema de gobernanza».

Así lo han manifestado durante un debate enmarcado el II Foro La Toja Vínculo Atlántico, celebrado en Illa da Toxa, en O Grove (Pontevedra), Lleva por título ‘El reto de gobernar la pandemia’ y que ha estado moderado por el presidente de Foment de Treball Nacional, Josep Sánchez Llibre.

En el primer bloque del diálogo, centrado en una eventual reforma del estado de las autonomías, el titular del Gobierno andaluz ha dicho que «en todo hay margen de mejora». Ya que «después de 40 años de autonomías se han visto ciertas deficiencias en cooperación y coordinación».

En este sentido, Moreno ha reclamado «un marco competencial claro y estable» y ha aseverado que el Senado o se «reforma» o se «cierra»: «¿Por qué? Porque tiene sentido no como una cámara de segunda lectura, sino como una verdadera cámara de representación territorial».

Por su parte, el presidente de Castilla-La Mancha ha reivindicado la labor del Senado, pero ha lamentado que «no cumple la función» que le fue encomendada por la Constitución. Además, García-Page ha advertido que la «falta de cohesión» en el Estado autonómico se traduce en «extremismos y populismos territoriales»

Qué es el populismo?

El populismo, según la RAE, es una «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares». Su origen es un movimiento ruso del siglo XIX, llamado narodnismo (Narodnichestvo, народничество), término que se traduce al español como populismo, derivado del lema «ir hacia el pueblo», que obraba como guía para los movimientos democráticos rusos de la segunda mitad del siglo XIX.

Aunque se trata de un concepto difícil de definir con exactitud ya que designa realidades diferentes. En algunas corrientes de las ciencias sociales es concebido como una ideología que se basa en la diferenciación y la oposición dualista entre «el pueblo» (que es visto como una entidad soberana) y «la élite» (concebida como una expresión de desigualdad política no deseada). Por otro lado, el uso del calificativo «populista» se hace habitualmente en contextos políticos y académicos, de manera peyorativa, sin que del término se desprenda por sí mismo una evidente identificación ideológica, sino estratégica —dentro del espectro izquierda-derecha—.

Quienes piensan que el populismo constituye una corriente política con características objetivas, destacan aspectos como la simplificación dicotómica, el antielitismo (propuestas de igualdad social o que pretendan favorecer a los más débiles), el predominio de los planteamientos emocionales sobre los racionales, la movilización social, etc.

Sentido peyorativo

Otros estudiosos consideran que el populismo es la contracara del elitismo y que el sistema político más adecuado es el pluralismo, que no cae en ninguno de ambos extremos. Hace que el poder fluctúe entre todos los agentes políticos, equilibrando las diferencias;​ está visión cuestiona la idea inicial de la Constitución de los Estados Unidos, «We the people» (Nosotros el pueblo), para sostener que no existe «el pueblo», sino que existen múltiples pueblos en cada país.

El término «populismo» se suele usar de forma retórica en sentido peyorativo con la finalidad de denigrar a los adversarios políticos. Todo hasta el punto de identificar «populismo» con demagogia, como hace Ralf Darendhorf: «Populistas a la derecha, populistas a la izquierda. Quien dice «populismo» se adentra en un terreno difícil… En todo caso, el concepto de populismo es peyorativo…

Hablamos entonces de demagogia, y la demagogia tiene un gran repertorio de métodos». Una posición similar es la que sostiene Francesc de Carreras.