Es una mujer atractiva. Eso nadie puede negarlo. Aparenta inocencia. No haber matado jamás una mosca. No haber roto un plato siquiera. Rostro aniñado, sonrisa natural. Se trata de Angela Dobrowolski. Es la mujer de Josep Maria Mainat. Una pareja aparentemente normal.

Esta semana hemos sabido que la normalidad no era precisamente el estado latente entre ambos. Ella está acusada de intento de asesinato. Como ya adelantó días atrás esas páginas de MIRA, la noche del 22 al 23 de junio del presente año 2020, y siempre según los Mosssos, ella le pinchó a él para acabar con su vida.

Para intentar matarlo. Lo pinchó con insulina, lo que provocó una subida de azúcar que lo dejó en coma. Frustrado intento de asesinato. No fue crimen ni fue perfecto. Ella quería quedarse con parte de su herencia millonaria.

Angela Dobrowolski, de 37 años de edad, sigue siendo investigada por un juzgado de Barcelona. Fue detenida por los Mossos y dejada poco después en libertad. La fiscalía pidió su ingreso a prisión pero el juez lo evitó.

En el auto consta que no existe riesgo de huida del país. Según criterio del juez. Y esto incluso pese a ser extranjera. Es más: aún en el riesgo de su huida a Alemania, por los actuales tratados internacionales europeos, sería fácil pedir la extradición.

Tal como consta en el auto, el juez creía que no había riesgo de huida del país, a pesar de ser extranjera, para estar vinculada aquí. Incluso el juez apuntaba que en el riesgo de huir en Alemania, por los tratados internacionales europeos, sería fácil pedir la extradición.

Sin embargo ha sucedido un hecho extraño. Curioso cuanto menos. Cuando los Mossos interrogaron a Angela Dobrowolski y cuando fue preguntada igualmente por el juez, la mujer respondió sin aspavientos que lo había pinchado para salvarlo. Lo aseguró a pies juntillas.

Para su bienestar y para adelgazar

«Le pinché una serie de sustancias para su bienestar y para adelgazar porque él me lo pidió», aseguró ella misma al juez. Ella confiesa que siempre pinchaba a Mainat cuando estaba despierto y siempre, y necesariamente,  a petición de él.

La versión de Angela Dobrowolski se contradice con la que ha aportado el excantante de La Trinca y productor televisivo. Él asegura e insiste en que estaba dormido cuando su mujer le pinchó. Lo despertó y aunque él dijo que no hacía falta, finalmente accedió, ya que era un tratamiento que se tomaba habitualmente. Sin embargo, y siempre presuntamente, la mujer lo cambió y le pinchó con insulina.

Las sospechas son claras. Tan pronto Mainat despertó ya estaba del todo convencido que había sido víctima -rehén- de un intento de asesinato, de un maquiavélico plan asesino.

Este hecho también lo puso en conocimiento de los Mossos Pol Mainat, el hijo mayor del artista. Pol está convencido que la pareja de su padre quiso matarlo. Era mujer que ya no le prestaba la menor confianza.

La historia de este suceso no ha hecho más que empezar. Josep Maria Mainat, septuagenario, un gran artista, que no merece ni por asomo un capítulo de semejante cariz. Su trágico episodio ha conmocionado a los miles de seguidores de La Trinca, unos humoristas que hicieron furor mayormente a lo largo de la década de los 80. Un humor inteligente, finísimo, de un ingenio muy de agradecer por el gran público.

El humorista, cantante y productor televisivo está vivo de puro milagro. La suerte ha corrido de su lado. La investigación sigue abierta. Poco a poco se irán esclareciendo los hechos.