Los 365 días de soledad del trabajador social

Alexei Martín: «Siento que estamos bastante olvidados, principalmente los chicos que viven aquí, que son por y para los que estamos los profesionales”

Que esta es una crisis sanitaria que nos afecta a todos no se le escapa a nadie. Sin embargo, hay profesionales que, por razones que se nos escapan, conviven diariamente con esta caótica e insuperable situación. Seguramente no podamos englobar aquí al cien por cien, pero una gran parte de ellos se sentirán identificados con estas palabras.

Sin medios y prácticamente sin recursos. Así trabajan y conviven trabajadores y educadores sociales durante prácticamente todo el año. Por eso, para ellos, esta situación no supone ninguna gran novedad, al margen de las restricciones dictaminadas por el Gobierno que impiden salir a la calle. Todo ello hace que el campo de trabajo se vea aun más reducido si cabe. El contacto con los usuarios de los centros de menores es inevitable, por lo que las posibilidades de contagio para estos profesionales se elevan a la máxima potencia.

La inestabilidad social ha generado un brusco cambio en sus hábitos diarios. De completar una delimitada hoja de ruta, se ha pasado a trabajar en una situación sin margen de maniobra. “Los chicos lo llevan bien, se agobian por no poder salir, pero entienden la situación. Hemos hecho diferentes talleres y charlas para concienciarlos un poco más y, por lo que nos dicen, sus familiares también les ponen en alerta sobre la situación en sus países. Todos los días hablan con ellos a través de llamada telefónica”, explica Alexei Martín, trabajador social en un centro en Cataluña.

Este jerezano tuvo que salir de su ciudad natal para adquirir experiencia en su campo laboral. Después de varias semanas trabajando con los usuarios, el brote de la pandemia le sorprendió de pleno en la otra punta del país, alterando por completo la dinámica diaria del centro. Una vez decretado el Estado de Alarma y el cierre de los colegios, se procedió a elaborar una nueva rutina para todos ellos.

El centro cuenta con una pista deportiva donde normalmente los chicos solían hacer deporte, pero a raíz de una denuncia de una vecina se les prohibió jugar en el exterior, pese a ser un recinto cerrado. “Hemos tenido que cambiar la planificación de actividades para adaptarnos a esta nueva situación. Por las mañanas sí tienen horarios más marcados. Se levantan, desayunan y nos ponemos con las clases y deporte. Algunos tienen deberes del instituto y con otros hacemos más hincapié en los idiomas y matemáticas. Por las tardes tienen el móvil y tiempo de ocio, pero sin salir del centro”, explica Alexei.

En lo que a su trabajo respecta, reconoce que en el centro no tienen impuesta ninguna medida de seguridad o protección por parte de las autoridades y que son ellos mismos los que se preocupan de mantener conductas saludables y de higiene. “Intentamos mantener las distancias cuando es posible y lavarnos las manos con frecuencia. Hemos colocado notas informativas por el centro para que los chicos tengan más información y sea accesible. No tenemos apenas material. Tanto guantes como mascarillas, si los quieres, los tienes que traer tú. Solo tuvimos unos cuantos botes de gel desinfectante. Estamos bastante escasos de material”.

En el centro no se ha registrado ningún caso de contagio, pero Cataluña se sitúa como la segunda comunidad del país con más casos y número de muertes. En este sentido, Alexei expone que “las medidas del Gobierno poco a poco irán surgiendo efecto, pero en lo relativo a mi trabajo es indiferente. Ni nos han proporcionado material ni es viable aplicar el protocolo dentro del centro. Siento que estamos bastante olvidados, principalmente los chicos que viven aquí, que son por y para los que estamos los profesionales”.