“El modelo educativo Marianista destaca por su espíritu de familia y la libertad”

Entrevista a Eduardo Fernández-Moscoso, sacerdote marianista residente en Cádiz de larga trayectoria en la congregación

La primera vez que a Eduardo Fernández-Moscoso le vino la idea de ser marianista, o como él mismo dice, “que Dios me eligió”, fue cuando tenía 15 años. Era alumno del Colegio de El Pilar de los Marianistas en su Valencia natal y le llamó la atención el modo en que los marianistas vivían su vocación, su cercanía y felicidad. “¿Por qué no intentarlo?, pero se me olvidó en seguida, yo era todo lo contrario a una persona seria y estudiosa. No era buen estudiante, tenía facilidad para las letras y las ciencias iba justito. Yo era el que organizaba los saraos, los guateques y no daba la talla”, recuerda.

La vocación regresó unos años más tarde con 17-18 años y según dice, sus amigos se apostaron una cena de que no duraba ni tres meses con los Marianistas. Finalmente así fue. “Mi padre tenía unas ilusiones muy grandes conmigo, yo tenía facilidad para las letras y los idiomas. Mi padre tenía muy buenos amigos en la Escuela Diplomática y le dijeron que yo estudiase una buena carrera de Derecho y luego entraría en la Escuela Diplomática. Él soñaba con verme de embajador en Washington y se le hundió el mundo, a mi madre menos. Ambos eran religiosos, pero mi padre menos, un poco heredero de la Generación del 98, un poco más crítico. Yo le debo mucho a mi padre”, recuerda.

Con 18 años Eduardo Fernández-Moscoso asume su compromiso con los Marianistas. Un año de noviciado en Elorrio, Vizcaya. Tres años en Zaragoza, dos de carrera, Filosofía y Letras, y un año de Teología. Tres años en Vitoria, Tres años de especialidad en Valencia, Licenciatura en Historia y dando clases a la vez, tutor de los alumnos de 16-17 años y encargado de los religiosos jóvenes. Después otra vez a Zaragoza un año y de ahí a Friburgo, Suiza, a estudiar dos años de Teología. “allí para un español que dominaba el francés era fácil”. De Friburgo fue al Seminario de San Sebastián a terminar Teología y de esa etapa recuerda su amistad con grandes profesores como José Antonio Pagola, una autoridad en Teología.

Su siguiente destino vuelve a ser Zaragoza, 10 años como párroco y responsable de Pastoral del Colegio Bajo Aragón dando clases. Tras esto es enviado a Almería, primero siete años como párroco y ayudando en el colegio marianista de Almería: “un colegio muy especial, empezó como escuelita y luego como concertado, en un barrio de gitanos e inmigrantes, La Chanca. Una zona deprimida”, añade.

Tras Almería, cinco años de nuevo en Valencia, en el Colegio El Pilar, como responsable de Pastoral y tutor de Bachiller. Estando allí le nombran Provincial en Zaragoza durante ocho años, 1997-2005. “Gracias a esta condición he recorrido el mundo, con asambleas de Gobierno en La India, Ecuador, capítulos generales, muchos viajes a Roma”, apunta.

Tras su mandato como Provincial vuelve a Almería dos años, “muy feliz de volver”, y un año en Puerto Rico que recuerda con muchísimo cariño y siempre tiene palabras para “todos los amigos” que ha hecho en cada uno de sus destinos. Tras la estancia en el Caribe, Eduardo Fernández-Moscoso regresa a Zaragoza una vez más y esta vez es la Dirección del colegio grande, como se le conoce en la capital aragonesa, ‘Los Marianistas del Canal’. Cuatro años después vuelve a Valencia, como párroco en Burjasot y a un colegio concertado. Otros cuatro años después y ya jubilado, Eduardo llega a Cádiz, su actual destino, una ciudad donde ya es un gaditano más.

¿Cómo se siente en Cádiz?

Ya jubilado, muy contento y muy bien.

¿Cuál es la actividad que actualmente realiza?

En San Felipe Neri hago lo que me piden. Soy capellán de 1º, 2º y 3º de la ESO. Me paso por las clases, colaboro en la coordinación de ejercicios espirituales, doy charlas, colaboro en las celebraciones, y celebro una Misa los domingos. Y, por supuesto, que me pidan lo que quieran que ahí estoy yo. Me siento muy bien en Cádiz. Tengo también mucha actividad fuera del colegio, soy Director Espiritual de El Caído, una de las cofradías marianistas de la ciudad, estoy vinculado a los Equipos de Nuestra Señora, asesor de región de las Fraternidades Marianistas para Cádiz y Jerez. Ayudo a los necesitados, una vez en semana voy a Calor en la Noche, a Tartessos al centro de acogida de refugiados, y a Gerasa. Ahora en septiembre me publican un libro y hace poco ha salido otro que escribí sobre unas charlas que di en Elche sobre ‘El Misteri’, único auto sacramental que ha pervivido de la Edad Media hasta ahora. Y he recuperado mi afición por el dibujo.

¿Cómo es la situación de la orden Marianista en el mundo?

Vitalidad, muchísima; vocaciones, pocas. Tenemos muchas vocaciones en África, Asia y América Latina. En Europa (España, Francia, Austria, Suiza, Bélgica, Alemania, Italia, Irlanda) pocas, y eso nos pasa a todas las congregaciones religiosas. La vitaliad y el futuro está en los países del tercer mundo. En América del Norte hay algo más de vocaciones que aquí, pero no mucho más.

Vitalidad sí, y actividades pastorales, porque hemos hecho un esfuerzo grandísimo en formar a seglares. Nuestro seglares se sienten muy marianistas y son para descubrirse.

¿Qué tiene el modelo educativo Marianista que genera tanta demanda en la sociedad?

Dos características fundamentales de las muchas que tiene: El espíritu de familia, que es algo que desde la fundación hemos machacado por activa y por pasiva. Es algo más que sentirse a gusto, es colaboración, es respeto mutuo, nadie está por encima de nadie, todos estamos vinculados a lo mismo, nadie se siente extraño, apertura, hospitalidad… Es una de nuestras señas distintivas y da un talante muy abierto. Y en segundo lugar: la libertad. En El Pilar de Madrid en la entrada pone “la verdad os hará libres”, verdad y libertad, que cada uno sea honrado consigo mismo y a nadie se le impone nada. Yo estudié en los años 50-60 y en mi colegio de El Pilar de Valencia nadie me impuso nada, era un ámbito de libertad. Y si encima luego te enteras de cosas de cómo se educaba en ciertos ámbitos entonces, doy las gracias por haber estado allí y haber sido educado en Los Marianistas, si no hubiera marianistas habría que inventarlos. La libertad, que cada uno sea consecuente con uno mismo, profundo respeto y que no se imponga ningún tipo de ideología.

Los colegios marianistas de la Provincia de Cádiz, en la capital y en Jerez, siempre registran una demanda altísima, ¿Se sienten orgullosos de ello?

No es un orgullo, es alegría pero no por ello nos consideramos los mejores, hacemos lo que podemos, porque una de nuestras características es la humildad. Y la humildad es la verdad, la que nos hará libres. Si de algo puedo estar orgulloso es de nuestro colegio de La Chanca en Almería. Ahí sigue, abierto a todos pero no todo el mundo quiere matricular allí a sus hijos por las peculiaridades del barrio, pero tenemos un claustro de profesores con una vocación y en un ambiente dificilísimo, y ahí están. Y tiene las mismas características como colegio que San Felipe Neri y El Pilar de Jerez.

Cada día debe encontrarse a muchos antiguos alumnos marianistas por Cádiz, ¿qué le dicen cuando conocen quién es usted?

Raro es el ámbito en el que muevo que no conozco a un antiguo alumno marianista en Cádiz. Todos tienen un recuerdo imborrable y no he escuchado a nadie estos cuatro años que diga que no quiere saber nada del colegio.

¿Existe un vínculo especial entre los alumnos marianistas y su colegio que dura toda la vida?

Así es, el espíritu de familia que le nombraba antes, aparte de las asociaciones de antiguos alumnos o las actividades comunes como las olimpiadas marianistas.

Hay mucho debate sobre la educación pública y la concertada, ¿qué visión aporta desde su experiencia como profesor marianista?

Lo primero de todo, en mis primeros siete años en Almería fui profesor en la pública, tengo un recuerdo imborrable. Conocí a compañeros y compañeras con los que aún mantengo una estrecha amistad, en un tiempo en el que un cura introducido por el Obispado impartiera clases en un colegio público se veía un poco raro, pero eso duró un mes. Conocí gente con pensamientos e ideas muy distintas a las mías, pero mantenemos una gran amistad. Yo a la pública la defenderá siempre.

Nosotros hemos heredado un sistema educativo que viene de nuestro fundador y hay que ser fiel a ello. Yo no creo que la concertada y la pública nos pisemos. Hay quien piensa que sí. Puede haber errores o competencia desleal, pero mi experiencia me dice que son modelos que puedan convivir.

¿Lo mejor de ser Marianista?

Muy difícil, he vivido muchas cosas buenísimas. Como experiencia personal, dos únicas y muy contrastadas: Almería, un lugar muy difícil y un colegio que ni la pública querría, muy duro. Y Puerto Rico, al colegio San José en San Juan, un colegio privado con un sistema muy similar al de Estados Unidos. Ver cómo en dos culturas diferentes que parece que chocan el mismo sistema y el mismo carisma se encarna, es la experiencia más gozosa de mi vida, puedo ser marianista de la misma forma en un sitio u otro.

¿Y la acción social de los marianistas cómo la ha vivido?

Especialmente en Almería y en Burjasot, dos lugares muy difíciles donde nos hemos entregado. Y una experiencia desde el punto de vista de la educación social fue en La India. En una asamblea de Gobierno. Tuve la alegría de ver en dos ciudades dos sistemas educativos de educación en la calle en el que colaboramos Marianistas, otros cristianos de diferentes organizaciones, musulmanes, hindúes… Dábamos clases en los ‘slumbs’, en plena calle o locales pequeños, con la basura por todos los lados. Nos reunimos todos los profesores de ese proyecto y nos dijimos mutuamente que unos lo hacen en nombre de Jesús, otros en nombre de Alá, en nombre de Buda, pero al final todos creemos en un dios que es amor. Y de lo que se trataba es de hacer el bien a los niños, ¿cómo nos íbamos a pelear? Luego escuchas esos problemas religiosos en La India, pero yo puedo decir que mi experiencia en La India fue preciosa. Siempre sale en las noticias lo negativo. Esa experiencia me marcó, me dijeron que le ensañase a los niños indios canciones, les enseñé ‘El cochecito Lerén’ y ellos repetían ‘Lerén, another time’.

Para terminar, ¿elegiría ser marianista de nuevo si pudiera retroceder en el tiempo?

Primero, creo que yo no elegí ser marianista, la condición de marianista me eligió. Pero creo que sí. He cometido muchísimos errores en mi vida pero creo que Dios me ama con mis errores.