Memoria democrática frente a la amnesia intencionada

Martín Vila: «Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, la historias de caza siempre glorificarán al cazador»

Por Martín Vila. Concejal del Ayuntamiento de Cádiz 

Mucho se ha escrito estos días acerca de Pemán, tras la retirada del busto que figuraba en el edificio municipal de Isabel la Católica, 12. Mucho se ha escrito, pero por desgracia, como es habitual cuando hablamos de Memoria Democrática, para tratar de confundir a la opinión pública acerca de las motivaciones y las formas llevadas cabo. La reacción nunca falla a su cita con la amnesia intencionada como arma bajo el brazo.

Al igual que sucede con las fakenews, resulta llamativo leer algunas declaraciones, que más que informar tratan de todo lo contrario: desinformar o confundir acerca del qué, cómo y porqué se está procediendo a la retirada de la simbología franquista. Por eso es preciso desmontar todos y cada uno de esos argumentos, empezando por el principio.

Y el comienzo de todo es la Ley Estatal de Memoria Histórica de 2007 y la Ley de Memoria Democrática Andaluza de 2017. Ambas instan a las administraciones a que procedan a la retirada de la simbología franquista, aquella que guarde relación con el alzamiento, con el golpe de 1936 y con la represión franquista. Precisamente la poca implicación de las administraciones con la retirada de simbología provocó en 2014 un tirón de orejas del relator especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, que advertía – entre otros asuntos – de que existían numerosos símbolos franquistas aún por retirar.

Por eso constituimos en el Ayuntamiento de Cádiz la Comisión Municipal para la Retirada de Simbología para, por un lado, dar cumplimiento a la Ley de Memoria Histórica y, por otro, dejar como legado la prueba documental de cómo y por qué se procedió.

Si el fondo por tanto es importante, la forma y el método también, ya que este ha sido un trabajo elaborado de forma participada por técnicos municipales, Colegio Profesional de Arquitectos, Colegio Profesional de Arqueólogos, Plataforma de Memoria Histórica, Federación de Asociaciones de Vecinos 5 de Abril, Asociación para la Difusión e Investigación del Patrimonio Cultural de Cádiz y la Universidad de Cádiz.

Por eso llama la atención que haya quienes incluso hablan de «nocturnidad y alevosía» al tomar y ejecutar estas decisiones o de hacerlo a «hurtadillas», cuando en el pasado mes de julio presentamos el Catálogo de Retirada de Simbología Franquista de la ciudad, publicado en la web municipal desde entonces. Luz, taquígrafos y participación colectiva.

La retirada de simbología franquista no es una medida adoptada a la ligera, ni trata de borrar a nada ni a nadie de la historia, sino precisamente todo lo contrario: trata de construir la memoria colectiva de una sociedad ante la amnesia intencionada del franquismo, situando cada elemento o cada persona en el lugar que realmente ocupó y que de forma interesada se ha ocultado durante años.

Claro que el franquismo sociológico, ese que aún perdura, nunca lo entenderá. Y con la retirada de la placa y del busto a José María Pemán, las voces que lo encarnan vuelven a la carga obviando interesadamente algunos hechos que aprovecho para recalcar.

Frente a la figura del «literato» o «embajador de la ciudad», hay una figura de Pemán desconocida por muchos hasta ahora, y es esa figura la que se ensalza en los elementos retirados. La figura del golpista que se sumó como ideólogo, miembro de la Junta Técnica del Estado (primer gobierno franquista) y presidente de la Comisión de Depuración de Maestros, que depuró a más de 700 maestros en la provincia de Cádiz.

Me remito a la historia, esa que sus defensores omiten.

La placa, obra de Vasallo Parodi, se inaugura el 16 de julio de 1939 en el marco de un homenaje nacional a Pemán, celebrado en Cádiz  como gratitud a su actuació«en la prensa, en la tribuna y en la radio» desde todos los rincones de España, explicando el verdadero significado del Golpe y cantando la grandeza y heroísmo del Ejército y de su invicto Caudillo. Es una de las aportaciones del Ayuntamiento de entonces que, por acuerdo plenario de 7 de julio de 1939, acordó asumir los gastos. Por tanto, esa placa no es un homenaje a un literato, sino al «cantor excelso de la raza hispana» como figura en ella. Es decir, al autor del poema de «La bestia y el ángel«, al ideólogo del Golpe, el de las alocuciones radiofónicas desde la emisora de Jerez en las que alentaba a la matanza y ensalzaba a Francisco Franco.

Y por otro lado está el busto, obra de Juan de Ávalos, que compró el Ayuntamiento de Cádiz en 1967 por 150.000 pesetas. Entonces, escribía Antonio Vela Barca, concejal de Cultura de Cádiz, en su escrito justificativo al pleno municipal de 5 de julio de 1967, que el homenaje nacional que se proyectaba debía ser encabezado por la ciudad que «tenía una deuda de gratitud para con su hijo predilecto» por ser un «orador genial…» «alférez provisional de infantería, líder de esta España mejor». Es decir que, entre los méritos del homenajeado estaba el haber participado en el golpe de Estado y, más aún, haber sido uno de sus líderes.

En definitiva, queda perfectamente acreditado que ambos elementos no son ningún reconocimiento a su papel como escritor, sino un reconocimiento público a su papel como líder de la España golpista y de la dictadura.

Realizado este pequeño recorrido por la historia no contada de nuestra ciudad, conviene también recordar lo que el dictamen de la Comisión de Retirada de Simbología recoge, que no es su destrucción ni mucho menos, sino su reubicación a un contexto adecuado. El busto en un espacio exclusivamente cultural o museístico donde se destaque su obra como literato y la placa pasa a la colección permanente de Vasallo Parodi en la Casa de Iberoamérica.

Todo ello para conseguir el fin previsto: retirar los reconocimientos y honores como protagonista en el golpe y el franquismo, mientras que su obra literaria se mantendrá en las bibliotecas, como no, y ocupará el papel que la cultura le quiera otorgar. Ni más ni menos.

Actuamos sin prisa pero sin pausa, con la determinación de que la memoria forma parte de los valores democráticos de la sociedad. Y lo hacemos pese a que cada vez que se procede a la retirada de un elemento, se revuelvan de nuevo los sectores reaccionarios, cegados porque no soportan que en este país se realicen las tareas de exhumación para devolver a las víctimas con sus familias, no soportan que se cierren heridas, no soportan que se recupere la historia y se mire hacia delante. Sin embargo, esa actitud facilita que el mensaje de lo que hacemos llegue. Porque la divulgación de lo que se hace es fundamental para aquellos que a día de hoy desconocían que personajes públicos como Pemán, y que han pasado a la historia de la ciudad de forma edulcorada, fueron partícipes de la represión franquista.

Se trata precisamente de utilizar la Memoria Democrática como herramienta para construir la memoria colectiva de una sociedad que debe de conocer su pasado bajo el objetivo de la no repetición. Y más aún, cuando el fascismo, aunque muchos lo siguen negando, vuelve a aparecer y a crecer de forma preocupante.