“Volví a torear con el parche porque quería que el torero salvara al hombre”

Juan José Padilla sale por la puerta grande de la entrevista con Bertín Osborne

Por la puerta grande. Como los maestros de tronío. Como  lo matadores de casta. Como los héroes de masas. Como los referentes de multitudes. Así salió Juan José Padilla este pasado viernes 31 de la entrevista que le realizara Bertín Osborne para su programa de Telecinco ‘Mi casa es la tuya’. Un programa que también en esta ocasión -e incluso con más fundamento- había levantado la lógica oleada de expectación desde su primer guiño promocional. Y es que Padilla es mucho Padilla. En Jerez, en la provincia de Cádiz, en Andalucía, en España y en el ancho mundo.

El torero jerezano abrió las puertas de su corazón y también las de su casa en Sanlúcar de Barrameda, donde vive con su ejemplar esposa Lidia Cabello y sus dos hijos. Bertín acudió acompañado de Fabiola, su mujer. Durante la grabación del programa también participaron los padres de  Padilla y su amigo del alma, su “hermano”, Adolfo Suárez Illana. El encuentro se desarrolló además bajo una “fantástica” climatología que intensificó el agradable clima de las diferentes conversaciones. Resaltamos a continuación algunas de las manifestaciones del gran Juan José:

“Conocí a Lidia cuando repartía pan. Ayudaba en casa, de panadero. En el oficio de mi padre. Vendía pan a la madre de Lidia. Y siempre le regalaba un bollito para su hija, le decía que por ser muy guapa. Pronto nos hicimos novios. Ella tenía 14 años y yo 17. Y ya para toda la vida. Me enamoró su encanto y su hermosura exterior de primeras, pero luego también me di cuenta de la gran hermosura interior que tiene”.

“Mis inicios como torero fueron muy duros. Empecé por los pueblos. Pero yo quería salir a una plaza importante. Hasta que llegué a Pamplona. Sabía que tenía que jugármela. Y de allí salí lanzado. Salió todo muy bien”.

“Tengo 39 cornadas”.

“Te voy a contar cómo recuerdo la cogida del ojo. La recuerdo como una tarde muy bonita. Despedía la temporada. He sufrido muchas cornadas. Cuando salté para colocarle la banderilla, el toro saltó y se me llevó la cara, se me llevó el ojo y vino la tragedia. Cuando me levanté sabía de la gravedad de la cornada; me puse de pie y tuve que recoger del suelo parte de mi cara y el ojo, que se descolgó. Evidentemente sabía que la visión la perdía”.

“Me asfixiaba y me quedaba sin oxigeno. Se me iba apagando la luz y me quedaba sin fuerza para hablar con el doctor que me preguntaba. Pensaba que no viviría. Recuerdo que por el hueco de la órbita del ojo salía mucha sangre. Sentí que me apagaba y que me iba, que me moría. Ver las caras de los demás era muy preocupante. Y ya no recuerdo más”.

“Días después desperté. Lo primero que pensé es que Dios me había dado otra oportunidad El ojo lo mantuve un año y pico e intentamos por todos los medios recuperar la visión, pero estaba roto el nervio óptico. Era imposible”.

“Todo el mundo se volcó conmigo y pude salir adelante. Yo me puse este parche por respeto a mis compañeros. Para que la cicatriz no les causase impresión. A raíz de ahí me preparé al 200% para volver a las corridas. Mi persona estaba un poco hundida, desolada y triste. Se me había acabado todo. No entendía que un toro truncara mi vida de esa forma y que todo quedara ahí. Entonces entendí que tenía que vestirme de luces de nuevo y afrontarlo”.

“Quería que el torero salvara al hombre. Por eso volví a torear con el parche. Tenía que vestirme de luces de nuevo. Y eso hice. Pero quería que me exigieran como al que más. Con el parche he toreado más de 500 corridas. Logré mi objetivo. Y entonces ya fui yo quien decidió poner fecha a mi despedida”.

“Tenacidad, sacrificio y disciplina es fundamental para conseguir tus objetivos en la vida”.

“Las patillas no me las corto porque mi hija no quiere, ella entiende que me identifican”.